sábado, 21 de marzo de 2009

Entre junio y julio de 2008 trazamos escenarios que permitieron prever el futuro a mediano plazo, cuando nadie se animaba a hacerlo. Hoy pretendemos volver a trazar alguna línea de prospección para los días que vienen, por más que no nos agrade lo que vemos.

En aquel tiempo hablábamos como más probable del llamado Camino Poceado. Ibamos a ir a los tumbos, pero la máquina no se detendría ni cambiaría radicalmente de dirección. Hoy esa posibilidad ya se agotó y los tiempos se acortaron mucho. El vehículo pierde mucho aceite, particularmente en la caja, y el conductor deberá tomar medidas drásticas si quiere seguir circulando a tan alta velocidad por la autopista del poder.

Por más que lo intentemos, no podemos vislumbrar más que dos probabilidades, ya que parece prácticamente imposible el llamado a un gobierno de unidad, un cambio de gabinete y de políticas, que le permitirían dar un volantazo, salirse de la vía rápida y elegir la poco glamorosa colectora.

Aguantar hasta las Elecciones: Hay demasiadas amenazas como para poder hacerlo sin algún cambio de fondo. Como decíamos la semana anterior, el adelantamiento eleccionario les permitió a los Kirchner ganar un tiempo que ya no parecían tener. Octubre era una fecha muy lejana para el ritmo del deterioro político de la gestión K. No obstante, la convocatoria para el 29 de junio manifestó debilidad -máxime cuando la prensa recordó que una semana antes Néstor Kirchner criticaba el adelantamiento de las elecciones catamarqueñas, como una señal de pavura frente a la derrota segura-, lo que se terminó de ratificar con el anuncio de la coparticipación del 30 por ciento de los ingresos provenientes de las retenciones a la soja a provincias y municipios. Como sabemos, los peronistas no se conforman con una parte si pueden tener el todo, y los intendentes empiezan a sospechar que las ya anunciadas obras de infraestructura tal vez no se lleguen a hacer nunca. Las fugas de los despechados pueden ser fatales como señales del derrumbe.
Lo apremiante de la situación se vio explicitada por las declaraciones del piquetero Emilio Pérsico que aseguró que si perdían en junio se irían para dejar el Gobierno en manos de (Julio) Cobos y Clarín. Es probable que haya sido un globo de ensayo para hacer reaccionar a la opinión pública con la amenaza de su salida anticipada. La mala noticia es que nadie reaccionó con temor al helicóptero K sino, al contrario, pareció que tales dichos provocaron en la población un entusiasmo que no se veía en el auge de la crisis del campo con tal posibilidad.
La otra probabilidad es que la administración Kirchner, ante la pérdida de caja y el advenimiento de la crisis económica, se chavice. Las últimas señales del kirchnerismo van en tal sentido: la nacionalización de empresas o del comercio exterior está diariamente en la agenda política; el ataque a la prensa -concretamente mediante el proyecto de ley de radiodifusión-, cuando no se trata de una compra lisa y llana de medios, y el enfrentamiento con los sectores presuntamente oligárquicos y dicotómicos, como con el campo, parecerían confirmar a esta tendencia como más factible que la anteriormente mencionada.

Pero cabe hacer dos comentarios. El primero tiene que ver con la eventualidad de que el Senado no apruebe el adelantamiento de las elecciones. En tal caso, la gobernabilidad quedaría serísimamente comprometida. El paro agrario y sus movilizaciones podrían crear un clima que, sumado a cualquier otro conflicto, podrían desbalancear la ecuación de esa estratégica votación.
Todos sabemos que la Argentina no es ni Venezuela, ni Bolivia, ni Ecuador ni, mucho menos, Cuba. Kirchner también lo sabe. Emprender este camino podría estar impulsado por las siguientes razones:

A) La pragmática (heterodoxia económica): perdido por perdido, es lo único que se puede hacer con la realidad que se presenta.

B) La ideológica: No habrá otra oportunidad para completar el proceso de transformaciones estructurales.

c) La política: "O son ellos o somos nosotros; vamos por ellos antes de que vengan por nosotros". Esta frase, atribuíble según el análisis a Kirchner, es lo que parecería estar sucediendo; es decir, en la autopista, con el móvil averiado, pisa a fondo el acelerador.+)

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