sábado, 30 de mayo de 2009

Impotencia

Una extraña sensación producen los recientes escraches a funcionarios del oficialismo.
El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, los sufrió en Lobería y operó una contramanifestación para evitar uno en Tandil. La propia Presidente los tuvo que soportar al aterrizar en Entre Ríos en una gira proselitista. Está todavía impregnado en nuestra retina el ataque contra el jefe del bloque oficialista de diputados nacionales, Agustín Rossi, junto a su hermano Alejandro, en una visita al interior de la provincia de Santa fe. Dicen que el legislador, que está en campaña, apela a curiosos procedimientos para hacer publicar en los diarios locales encuentros políticos en algunas localidades sin otros testigos que los presidentes comunales. El titular de la AFIP, que acosó al campo desde la Oncaa, tuvo que abandonar el Club Los Cardos, en Tandil, donde su hijo estaba jugando en el contexto de una gira de rugby.
Nuestra sensación, ambigüa, tiene que ver con las siguientes observaciones:
+ Lo primero que surge es el caráceter justiciero de la iniciativa. Tine lógica que quienes apañaron o directamente enfrentaron agresivamente al campo despierten ese tipo de reacciones en las poblaciones que vieron escapar al bienestar económico ante la irrupción de una serie de medidas arbitrarias e ideologizadas, que los empujó al lado de los enemigos.
+ Luego, uno se permite dudar. ¿Serán efectivamente ruralistas los que tiran huevos? En algunos casos, son los propios autoconvocados los que lo reconocen. Pero ellos mismos no pueden reconocer quién fue, por ejemplo, quien golpeó el auto de Rossi. Por mencionar uno solo de esos episodios.
+ La última observación tiene que ver con el efecto que provocan estos episodios. Parecería ser que logran lo opuesto a lo que aparentemente se pretende. Los agredidos aparecen como víctimas ante la brutalidad de activistas insaciables e irracionales.
Vivimos una sociedad cada vez más crispada. La nombremos o no, la que Miguel Cantilo llamó "Señora Violencia" vela sus armas, agazapada, a la espera de la menor oportunidad para irrumpir en escena.+)

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