martes, 2 de febrero de 2010

Cuestión Central

El episodio del intento oficialista por utilizar las reservas del Banco Central para gastos corrientes es paradigmático. Lo que más extrañó a los peronistas es el método, el medio. "A Martín Redrado lo llamás, lo asustás y se va solito", comentan alegremente, "pero ahora es más complicado".
Sin embargo, lo que está en juego es el poder. Quedó claro que las cuentas fiscales no cierran y que el Gobierno ha perdido su capacidad de acatamiento. Se mostró debilitado e impopular.
Las consecuencias de este nuevo conflicto son muy serias.
La salida del Procurador General, Osvaldo Gugliemino, por ejemplo, es una de tantas fugas de prestigio; sea por motu proprio o por despido, el kirchnerismo perdió con él a uno de los funcionarios respetados por su capacidad profesional que aún revistaban en sus filas. Llamó la atención que su reemplazante haya ratificado su amistad públicamente, lo que era por otra parte impensable en otros tiempos, por terror a la Bestia.
La cuestión de la compra de dos millones de dólares por parte de Néstor Kirchner resulta a la vez un problema judicial y una convocatoria a la fuga de capitales; ¿a quién le podrá decir Guillermo Moreno que no compre divisas ante semejante antecedente?
El apuro del operativo Desplazamiento del Golden Boyn es más llamativo aún. ¿Qué necesidad tenían de hacerlo de esta forma? ¿Es que hay urgencias? ¿Cuáles son? ¿No hay plata? ¿Temen a perder definitivamente el poder el primero de marzo?
Hay que mirar la cuestión con perspectiva. Habrá internas abiertas y obligatorias en agosto. Es imaginable que los K tienen muy presente esa fecha. Maniobran como un empantanado asustado: los inconvenientes imponen reacciones violentas que los hunden cada vez más profundo. Cada vez lucen más sucios y vulnereables.+)

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