jueves, 16 de diciembre de 2010

 

Tiempo Nuevo

Hay un cambio, es evidente, que repercutió en la atmósfera.


La política estaba condicionada por un rigor, por un factor estresante, que en cuanto desapareció liberó algunas tensiones.

Solíamos decir que la gobernabilidad estaba de alguna manera afectada por tres dificultades: la inflación, las crecientes denuncias de corrupción y el control de la calle.

La Presidente se puso a trabajar firmemente, desde que se repuso de su duelo, en mostrarse como una persona capaz para manejar la economía. Puso su impronta, aunque casi imperceptiblemente. Se hablaba mucho de ciertos manejos turbios que nunca la habrían involucrado a ella. Aparentemente, ella no quiere empezar ahora a aprender nuevas prácticas.

Más aún, las causas de corrupción arreciaron sin que nadie intentara frenarlas desde el oficialismo, según parece. Se decía que Aníbal Fernandez tenía esa función en algunos casos. Si bien la punibilidad de los que delinquen es algo bueno para su imagen, no lo es para quienes se consideraban aliados del Gobierno y ahora se ven desamparados. Me refiero, por ejemplo, a sectores poderosos del sindicalismo. Moyano y la pata sindical del movimiento peronista son muy importantes para lo que siempre se conoció por el "control de la calle".

Sin hacer una vinculación entre ambas cosas, porque lo que sucedió en el Parque Indoamericano no parece encuadrarse en ninguna instancia gubernamental, ese reciente proceso de violencia social puso en juego estas alianzas. Ciertamente, con las fuerzas de seguridad alcanzó y sobró; ahora, como premio, éstos tendrán que soportar a la ministra Nilda Garré (mientras los militares celebran).

Cristina Fernandez parece radicalizar su Gobierno. No hacia el Chavismo. Para nada. Marcha hacia un progresismo que recita el Credo de Horacio Verbitsky. Una especie de socialdemocracia a la criolla (porque olvida algunos capítulos referentes a la calidad institucional).

Ella quiere mostrarse como una líder latinoamericana, al estilo de los presidentes de la Concertación chilena o del PT brasilero. Para eso reforzó su perfil con un considerable despliegue en materia de relaciones internacionales que van desde su acción dentro del G20 hasta el aliado confiable de los Estados Unidos en materia de seguridad en el Cono Sur, en la reciente cumbre iberoamericana de Mar del Plata, o del bajo perfil que mantuvo en torno de la crisis del WikiLeaks.

Pero no todo es imagen. Hay un nuevo estilo de gestión. Más lejano de caudillejos como Aníbal Fernandez y cercano a los cuadros técnicos de la política, en donde las cuestiones de género y de las minorías en general son bien interpretadas.

Estos modos incluyen la posibilidad de reconocer un error y de dar marcha atrás, como cuando finalmente aceptó mandar la Gendarmería al parque ocupado y hasta por aceptar la reunión entre funcionarios nacionales y porteños. Hay más elementos; por ejemplo, los cambios de postura en materia triguera o la consulta al FMI por la medición del Indice de Precios al Consumidor.

Pero, pero, pero... los episodios vividos estos últimos días nos obligan a hacernos una serie de preguntas:

+ Muy bien, el Gobierno de a poco va reconociendo la inflación, ¿sabrá dominarla?

+ Cristina no apañará más a dirigentes comprometidos en actos de corrupción. ¿Estará dispuesta a gobernar con la CGT, la CTA de Pablo Michelli y los partidos de izquierda protestando y provocando en la calle y en el espacio público, cuando no en el privado?

+ Si así fuera, ¿impondría el orden a cualquier precio?

+ Y si eso costara víctimas, ¿la seguirían acompañando sus actuales nuevos viejos aliados de la progresía?

+ Si no reprimiera el desorden, ¿aguantaría?

Estos son solamente algunos interrogantes que nos dejan algo tensos. Pero también uno podría preguntarse:

+ Si aguantara, si contara con el apoyo de las fuerzas federales -es muy probable que las vaya a descabezar de la misma manera en que rapó a las Fuerzas Armadas-, si lograra domar este verano encabritado, ¿quién la detiene para ser reelegida.? Su voluntad o la de su familia jugarán aquí un rol clave.

Tampoco es seguro que vaya a haber violencia social. Pero, mientras tanto, ¿qué hará el peronismo? El Federal, nada; Mauricio Macri parece resucitado y Cristina o Daniel Scioli parecen ser Highlander. Respecto del PJ, ¿qué hará este verano? Descansará hasta marzo. Ante la consulta sobre sus próximos movimientos electorales dirá lo mismo que expresa desde el 27 de octubre: apoyar a la Presidente en este difícil momento y pedir prudencia (que en inglés se traduciría como "wait and see").+)

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