sábado, 22 de septiembre de 2012

El Trece Ese

La hegemonía tocó fondo el 13 de septiembre de 2012.
Si bien las encuestas señalaban una sensible caída en la imagen presidencial, en la gestión de Gobierno, en las expectativas económicas, en la confianza en el Gobierno y en la intención de voto, nadie parecía capitalizar ese descontento. Como en 2009.
La masiva expresión callejera del llamado 13S fue un límite para el poder kirchnerista.
Los funcionarios que habían vivido algo parecido en 2001/02 debieron haber temblado al ver repetidas las infaustas imágenes del hartazgo popular. Los más jóvenes exponentes del oficialismo, en cambio, reaccionaron con una indignación inversamente proporcional a la de los manifestantes. Por su parte, la Presidente no subió la apuesta y, como se dice en el truco, jugó callada.
La efectividad del proceso pudo verse en la calle al otro día cuando la gente, en trenes y subtes, reaccionó indignada ante la más mínima demora.
La segunda expresión para medir la entidad de aquella protesta será cuando se empiecen a presentar los candidatos por la oposición. Más concretamente, cuando actuales kirchneristas críticos se animen a presentarse por la oposición. Como dijo ayer el gobernador santacruceño, Daniel Peralta, cuando vean que la Presidenta no llega a asegurarse la re-reelección van a salir corriente (habría que agregar, como las ratas abandonan el barco que se hunde).+)
Cacerolazo en San Isidro

domingo, 9 de septiembre de 2012

Para FIEL, crecimiento moderado en 2013


El crecimiento de 2013

El bajo dinamismo de la inversión trabaría una recuperación vigorosa de la economía en 
2013.  La profundización de un modelo plagado de inconsistencias llevaría a un 
escenario económico mediocre.


Por Daniel Artana*
La economía transitó el segundo trimestre del año con una recesión moderada en la
industria y la construcción  y más profunda en el agro como consecuencia de la sequía.
Algunos indicadores sugieren que es posible  que esa caída se haya morigerado en el
tercer trimestre del año.
A diferencia de lo ocurrido durante el receso de 2009, la tasa de inflación que miden las
provincias no ha caído, sino que, en cambio, parece haber aumentado ligeramente. Este
fenómeno se explicaría porque el gobierno autoriza mayores aumentos que en el pasado
en los precios regulados (al menos para un segmento de la población) y deprecia el tipo
de cambio oficial al 1.1% por mes desde el segundo cuarto del año en adelante, en lugar
del 0.6% mensual del primer  trimestre. En  lo que concierne al resto de las variables
nominales, ha habido alguna moderación en el ritmo de aumento del gasto primario y de
los salarios, pero algo más de expansión en el dinero. La necesaria mejora en el tipo de
cambio real requiere que la depreciación del peso sea acompañada por una
desaceleración más fuerte en el resto de las variables nominales. Como eso no se ha
dado, la inflación en dólares sigue siendo elevada.
En ese contexto, empieza a discutirse cuál puede ser la tasa de crecimiento  del año
próximo. Simplificando, los pronósticos pueden dividirse en tres: los optimistas (dentro
de los que aparece el gobierno) que creen que la economía puede crecer al 5% el año
próximo. La mejora en la cosecha en un año con tiempo normal y el mayor crecimiento
esperado para la economía de Brasil serían los disparadores del desempeño local. Luego
operarían los mecanismos normales, con la inversión amplificando el crecimiento del
producto bruto.
Un segundo grupo es el de los pesimistas. Al haber desaparecido los tres pilares del
“modelo” que compensaban el efecto sobre las expectativas de una política económica
equivocada, los agentes económicos responderían a un riesgo macroeconómico mucho
mayor. Con los controles trabando la pérdida de reservas, la alta emisión resultaría en
un aumento considerable de la brecha cambiaria que impactaría en la inflación y
provocaría una caída en la demanda de dinero. Eso profundizaría la estanflación. En
algunas versiones extremas, se  agrega el pronóstico de una salida traumática como la
vivida en 1975 cuando varios años de postergación de aumentos tarifarios y cambiarios
terminaron en un fuerte ajuste nominal, que poco más tarde desembocó en la primera
hiperinflación de la Argentina.
El tercer grupo, en el cual se encuentra FIEL, prevé una recuperación modesta del 2%
impulsada por los dos factores externos que jugarían a favor de la economía nacional
(cosecha y Brasil) que se suman a un punto de partida con alguna capacidad ociosa
luego de la parálisis económica de 2012.
Las razones que hacen muy improbable que ocurra una gran crisis macroeconómica en
el próximo año son las siguientes:
Contando las reservas del Banco Central, el sector público tiene activos y pasivos en
dólares de magnitud similar y el sector privado es acreedor neto del resto del mundo
(sobre todo si se excluye la inversión directa). De esta forma, y en la medida en que
no se malgasten las reservas de la autoridad monetaria, una depreciación de la
moneda no generaría efectos de segundo orden importantes sobre la hoja de balance
del Estado. Y en el caso del sector privado, la depreciación del peso generaría una ganancia real que podría incluso motivar alguna repatriación de capitales si la
política económica se corrige.
El déficit fiscal de la Nación y las provincias será este año de alrededor de 4.5% del
PIB. Una parte importante se financia con impuesto inflacionario a las tasas
actuales. En 1975, el déficit era 13% del PIB y por lo tanto la tasa de inflación
necesaria para “cuadrar” los números fiscales era muy superior (además la base del
impuesto inflacionario era menor que la actual).
La situación de las entidades financieras no es preocupante. La morosidad ha
aumentado pero desde niveles muy bajos, la banca privada no tiene una exposición
importante con el sector público y la obligación de prestar el 5% de los depósitos
privados a tasas de interés subsidiadas debilitará al sistema, pero no lo llevará a una
situación de insolvencia.
Pero tampoco parece posible una recuperación a tasas del 5%, aún  a pesar de que
mejoren los factores externos. La clave es que, a diferencia de otras recuperaciones, la
tasa de inversión no reaccionaría con fuerza, como es habitual cuando se asiste a la fase
ascendente del ciclo económico. Esta “rareza” se ha dado en otros momentos de la
historia económica argentina. Por ejemplo, a comienzos de los 70 y de los 80 se
observaron varios trimestres con crecimiento positivo interanual del PIB real y caída
interanual de la inversión.
El año próximo, la inversión no permitiría acelerar la recuperación por varios factores:
El atraso cambiario creciente ha reducido las utilidades en el sector transable de la
economía. Con serias dificultades de acceso al crédito externo y con menos fondos
propios no es claro cómo se podrá financiar una recuperación más vigorosa de la
inversión. El gobierno parece apostar al redireccionamiento del crédito pero, por
definición, ello quita capacidad de gasto (consumo o inversión) a otros agentes
económicos).
La brecha elevada entre el dólar oficial y el “contado con liquidación” actúa como
un disuasivo a la espera de una corrección cambiaria que reduzca los costos no
transables de las nuevas inversiones.
La persistencia de las trabas para el giro de dividendos y regalías al exterior son otro
motivo de freno a nuevas inversiones directas.
La mayor intrusión del Estado en la economía (nacionalización y regulaciones poco
claras) tampoco ayudan al proceso de inversión. Además, hay contradicciones e
improvisación en la toma de decisiones.
La mayor presión tributaria nacional y provincial es otro factor negativo.  Ambos
niveles de gobierno pujan por mayores ingresos para financiar nuevas subas en el
gasto corriente.
Si la recuperación de la cosecha es altamente probable, también es posible que los
precios internacionales cedan porque el elevado nivel actual responde a problemas
climáticos en Estados Unidos que también deberían normalizarse.
En suma, el menor margen de maniobra que se ha autoimpuesto el propio gobierno ante
la falta de ajuste de un modelo plagado de inconsistencias actuaría como freno de una
recuperación más vigorosa.
*Economista de FIEL

jueves, 6 de septiembre de 2012

Expertos coinciden: se perdió rumbo económico


Cable de DYN publicado en el Diario Río Negro
Lo más interesante es que el disparador es una declaración privada del líder de Techint, Paolo Rocca, que no se sabe cómo trascendió a Clarín, que no fue publicada al día siguiente del día de la Industria, en Tecnópolis, sino al otro día (por ayer). Estas son alguna repercusiones:

Economistas de distintos sectores se diferenciaron respecto del inicio de la crisis pero coincidieron en señalar que el gobierno perdió el rumbo económico.
Aldo Abram, Jorge Todesca, Mónica Gismondi, Mariano Lamote, Jorge Rey Kelly y Ernesto Ambrosetti respondieron sobre la polémica planteada entre presidente del holding Techint, Paolo Rocca y el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio de Mendiguren. Rocca sostuvo que, "a partir de 2008, el Gobierno perdió el rumbo" y "no se sabe para dónde va".
Estas son las opiniones de los economistas:
. Aldo Abram: "La Argentina empezó a cambiar mucho antes, no en el 2008. Hace rato que perdió el rumbo. El mundo nos sonrió, demanda lo que producimos, y nosotros estamos perdiendo una oportunidad única. No se ha invertido bien, por ejemplo en el campo, para generar un desarrollo hacia adelante. Frenan las exportaciones de carne, de trigo, de maíz. No generamos las condiciones que se dan a partir de inversión eficiente y para tener una perspectiva de desarrollo a futuro. Nos gastamos la bonanza, y ya nos estamos gastando la tarjeta de crédito".
. Jorge Todesca: "Desde el 2007 los indicadores de la economía argentina se deterioran, y también algunas instituciones. En ese año, en materia fiscal empezó a haber problemas, y llevó a que pasáramos de superávit a tener déficit. Se estatizó el sistema jubilatorio privado. Subieron las retenciones a las exportaciones, y se pasó de una inflación baja como había hasta el 2006 a una situación donde se instaló la inflación alta. En el 2007-2008 ha habido un cambio muy marcado, y un deterioro que muestran los indicadores económicos".
. Mónica Gismondi: "Lo que generalmente tratamos de ver son cosas objetivas. Lo cierto es que desde 2007 el modelo muestra puntos de inflexión. Se deteriora el superávit fiscal, aparecen limitantes de energía, comienza a acelerarse la inflación. Estos puntos después se acentúan de distinta manera. El superávit se perdió en 2009 y la cuenta corriente en 2011".
. Mariano Lamote: "Lo que pasó es que la economía llegó a 2008 quizá con menos necesidades de gestión en algunos rubros, porque había energía disponible y barata, salarios competitivos en dólares, y la política fiscal y monetaria empujaba más sobre la actividad que sobre los precios". "Los lineamientos se fueron agotando y las medidas trataron de compensar los efectos".
. Ernesto Ambrosetti: "En el 2006 empiezan las trabas a las exportaciones y suspenden envíos cárnicos. Intervienen los mercados de carnes, maíz, trigo, leche, yerba y azúcar, entre otros, sin olvidar también al sector energético. Argentina comenzó ahí a perder seriedad en el ámbito internacional como proveedora de alimentos y energía renovable. Y se generó inseguridad jurídica como consecuencia de generar un ambiente poco amigable, con intervencionismo".