domingo, 23 de diciembre de 2012

Rumbo


El escenario político está condicionado por una radicalización. El Gobierno aparece obsesionado por su propia agenda. La gobernabilidad, la Ley de Medios y el equilibrio fiscal son tres claras prioridades de su gestión; la posibilidad de ser nuevamente reelegidos,su termómetro; de allí que  su estado de crispación derive de las complicaciones que pueda arrojar ese proyecto.

Sin embargo, la sociedad va aumentando su desaprobación. Según un politólogo serio, el 55 no la aprueba frente a un 42 por ciento que lo hace, y el optimismo social ha cedido al pesimismo pasando del 58 al 31 por ciento.
Estas sensaciones tienen fundamentos residuales en la opinión pública, reflejados en los focus groups, realizados por el mismo consultor que expresan:
+ el nivel de exigencia es inversamente proporcional al electorado que la bendijo con el más alto caudal desde 1983;
+ el peso de los nueve años de administración;
+ el estilo soberbio y autoritario;
+ el intervencionismo extremo, y
+ el contexto de inflación creciente frente a una actividad económica decreciente.
Por otra parte,
+ más de un tercio de la población teme a que se instale el modelo cubano;
+ se ha revertido la preferencia por las estatizaciones al punto de estar empardadas con las preferencias por la gestión privada;
+ los que quieren eliminar los planes sociales casi igualan (37 vs 49 por ciento) a aquellos que quieren mantenerlos, y
+ la población va abandonando la preferencia de un liderazgo fuerte por uno de mayor consenso, diálogo y, sobre todo, de menor confrontación.
Si bien la economía puede llegar a ofrecer un dos o hasta un cuatro por ciento de crecimiento del PBI, según la mayor parte de los economistas, un incipiente “cansancio cultural” -producto de lo antedicho- amenaza su construcción política. Además, el ajuste que no se hizo lo están haciendo las provincias y el sector privado, de los que necesita para mejorar su oferta política y económica para 2013/15.
Todos los ojos miran a la sucesión en el oficialismo, léase Dniel Scioli o Sergio Massa. 
Otro dato para atender es la situación internacional. Hay tensiones crecientes en el Oriente más lejano -entre China, Japón y Corea, del Norte y del Sur- y en el más Cercano. Los asentamientos judíos en Palestina son una amenaza constante de guerra entre Irán e Israel. Los coletazos de la Primavera Arabe, como la situación egicpia y la siria, no sólo amenazan a dar un giro en esa estratégica región sino que provocan una carrera armamentísitica a la que se están subiendo, entre otros, Rusia.
Si bien lo más probable es que estas potenciales guerras no sean algo extraordinario, el nivel de tensiones acumuladas son enormes. Por el condimento nacionalista en el Lejano y religioso, en el Cercano Oriente, y no debería descartarse una gran conflagración.+)

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