domingo, 1 de septiembre de 2013

Ascochinga

Dentro de pocos días, el 14 de septiembre, se cumplirán 38 años del retiro de María Estela Martínez de Perón, en Ascochinga, Córdoba.
Acompañada por las esposas de los jefes militares -Alicia Hartridge de Videla, Delia Viera de Massera y Lía González de Fautario-, "Isabelita" llegó a las 17.40 a las instalaciones que la Fuerza Aérea tiene allí para el descanso de sus familiares. Según trascendió, venía de días sin dormir y con un peso de 41 kilos; la licencia médica se impuso irremediablemente.
El país estaba asediado por una crisis política y económica derivada del fracaso del "Rodrigazo", del frustrado "Pacto Social" que se intento para contener las presiones sindicales y de los permanentes enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas y la guerrilla. El modelo había dado todo lo que podía y ya no había para repartir más que ajuste y malaria. La viuda intentó virar hacia una ortodoxia bendecida desde los poderes centrales, lo que provocó el estallido del malestar social.
Los testimonios de un político, un militar y un periodista, que fueran protagonistas de la época, caracterizan a la heredera de Perón como una mujer testaruda y de carácter. El primero de ellos fue su ministro de Economía y ministro Coordinador, Antonio Cafiero, que se refiere a ella en sus memorias como una mujer determinada y difícil; el militar es su jefe del ejército, Jorge Videla, que en su testimonio ante Ceferino Reato en Disposición Final, jamás se refiere a la ex Presidente como una tilinga o una tontita, sino a una mujer de fuerte carácter, y el dueño de Crónica, Héctor Ricardo García, recuerda que ella, en el helicóptero que la llevaba a El Messidor, sacó de su bolso una pistola, encañonó a sus captores y ordenó que la lleven de vuelta; de no mediar su secretario, julio Gonzalez, no se sabe qué hubiera sucedido. Es decir que no se cayó por floja, ni quiso que la desplazaran, sino que intentó por todos los medios mantenerse en el poder. Pero quedó sola.
Aún cuando Isabelita y José Lopez Rega manejaron en gran medida el último gobierno del General Juan Perón, la ausencia definitiva del viejo líder vaciaron de poder el gobierno y signaron su final, a la velocidad del rayo.

De una entrevista a Juan Bautista Yofre:
La alternativa a María Estela Martínez de Perón, más conocida como ‘Isabel’ Perón, estaba dentro del propio peronismo. El escenario del reemplazo a la Presidenta fue seriamente analizado en varias ocasiones, pero principalmente entre septiembre y octubre de 1975. En esos meses, ‘Isabel’ Perón solicitó una licencia y se retiró a Ascochinga, Córdoba.Ella estaba seriamente cansada luego de atravesar dos crisis importantes. Años más tarde se conoció por un cable “desclasificado” de la embajada de los Estados Unidos en la Ciudad de Buenos Aires, un informe en el que se decía que estaba mal medicada por su médico, Pedro Eladio Vázquez.La primera crisis fue la que culminó con la partida al extranjero del hombre fuerte del gobierno, José López Rega. La segunda, la crisis militar que culminó con la asunción de Jorge Rafael Videla como comandante general del Ejército. Las dos situaciones se definen con fuertes presiones, de uno y otro lado, de amplios sectores de poder.Pero volviendo al tema de la pregunta, a mi parecer la última oportunidad para alcanzar una solución institucional fue cuando Ítalo Argentino Luder asumió como Presidente interino. Luder fue elegido titular del Senado poco tiempo antes dentro de la lógica de la ‘sucesión’, con un fuerte apoyo de las bancadas del peronismo y el radicalismo. Es más, el día que asumió en su discurso no nombró ni una sola vez a ‘Isabel’, pero sí a su marido ya fallecido, Juan Domingo Perón. Ocurrió que Luder no quiso reemplazar a ‘Isabel’ por temor a aparecer como ‘traidor’ a la memoria del fundador del peronismo.La ‘operación’ se cayó cuando ‘Isabel’ volvió de Ascochinga, reasumió, y encabezó el acto del 17 de octubre (de 1975) en la Plaza de Mayo. Otra alternativa era la ‘bordaberrización’, pero las Fuerzas Armadas, con el paso de los días, la rechazaron. 
Foto: Perfil
 De aquellos días son los decretos de Luder, Angel Robledo y Carlos Ruckauf, que decidieron "aniquilar a la subversión", recuerda Videla con lujo de detalles en Disposición Final.+)

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