martes, 29 de octubre de 2013

La Liga de Gobernadores PJ, sin Scioli

Se reúnen en San Juan

Señal: liga de gobernadores debate hoy el futuro del PJ

Por: Ignacio Zuleta


Daniel Scioli y Néstor Kirchner
 En la mañana de hoy, con el olfato pampa ante las señales de alarma que los caracteriza, un grupo de los más significados gobernadores peronistas hará una evaluación del resultado electoral del domingo y discutirán, a solas y solo entre pares, los próximos pasos del PJ

La reunión se hará a partir de las 10 en San Juan, adonde arribarán en vuelos separados Jorge Capitanich, Francisco Pérez, Gildo Insfran, Lucía Corpacci, Luis Beder Herrera y Juan Manuel Urtubey. En un gesto de apertura está invitado el sanluiseño Claudio Poggi, que gobierna en San Luis en nombre de los Rodríguez Saá y que es valedor de un acercamiento de este sector con el Gobierno nacional que hasta ahora nadie ha explicado del todo. Hasta anoche no había confirmado si asistirá.

El justificativo del viaje es visitar en el hospital Rawson a José Luis Gioja, quien ha sido siempre una especie de decano de la liga de gobernadores que es la columna vertebral del PJ nacional. 

El grupo concertó ese viaje apenas se conocieron los resultados en la noche del domingo y lo integran ganadores netos de esa jornada, como el chaqueño Capitanich, Insfrán y Beder, pero también derrotados como "Paco" Pérez o Corpacci y empatados como Urtubey (ganó con su hermano la categoría de senador en Salta pero perdió la de diputados en manos de su sombra, Juan Carlos Romero). 

La agenda no incluye la presencia de Daniel Scioli. En la superficie hay un motivo, que el bonaerense ya estuvo con Gioja el último fin de semana. En el fondo esa ausencia tiene una explicación obvia: el peronismo de esa provincia fue derrotado por el kirchnerismo disidente de Sergio Massa y Scioli se ha colocado como el candidato natural del peronismo a la presidencia en 2015. 

La liga analizará el resultado electoral en Buenos Aires como un laboratorio de lo que le puede pasar al peronismo en su conjunto. La disidencia massista esmerila las pretensiones de Scioli, pero también amenaza con consolidar una división en el peronismo nacional. 

Massa 
se ha ido del PJ pero irá a la captura de adhesiones en el pan peronismo. Para esa misión ya cuenta con la resistencia de la liga de gobernadores cuyos integrantes se han mantenido lejos de esa movida. Tienen cada cual la amenaza de que sectores del peronismo disidente en sus provincias se tienten por sumarse si el tigrense emprende una misión nacional. Saben que sectores del puertismo misionero pedían pista en el massismo después de las primarias y que el barrionuevismo es uno de los sustentos más firmes del ganador del domingo. Se tranquilizan con que ni Ramón Puerta ni Luis Barrionuevo ganaron bancas el domingo. La tarea de unificar al peronismo es la necesidad primaria de la liga de gobernadores, con Scioli o sin él. Si la división persiste saben que las chances de competir con ventajas ante candidatos del no peronismo, como ocurrió en 1983 y 1999, disminuyen.

En eso parecen forzados a estar juntos quienes se estarán hoy en San Juan y también Scioli. Comparten el mismo diagnóstico y es lo que los separa del kichnerismo disidente de Massa: mientras éste cree que el final del kirchnerismo -por el plazo de 2015 sin reelección para Cristina de Kirchner- se llevará puesto al peronismo, los gobernadores entienden que el peronismo preexiste al kirchnerismo y que su suerte no está ligada al actual ciclo como no lo estuvo cuando prestaban observancia al menemismo en los años '90.

Pero más allá de esas coincidencias quizás forzadas, la liga piensa ya en el ticket presidencial de 2015. En la tradición del Frente Federal siempre se dijo que si no ponían el candidato a presidente, ponían al vice. No admitirán esa capitis diminutio pero el juego está planteado como antes, cuando pusieron al vice de Carlos Menem, Romero, en la formula de 2003.

La liga de gobernadores, aunque nació con la jefatura del bonaerense Antonio Cafiero para enfrentar desde la oposición al Gobierno de Raúl Alfonsín, siempre se ha resistido a sindicarse en dirigentes de Buenos Aires.Protagonizó en la convención reformadora de la Constitución de 1994 un debate despiadado contra las pretensiones de Buenos Aires, que dominaba el bloque mayoritario con Alberto Pierri. En esas discusiones con Domingo Cavallo y asociados de entonces, como Néstor Kirchner y Augusto Alasino, lograron imponer instituciones claves como convertir al Senado -cámara que representa a las provincias- en iniciador de los proyectos de ley más importantes. Eso le dio a la Argentina un sesgo semiparlamentario que convirtió desde entonces al Congreso en la sede de las decisiones.

El interior mira a la provincia más grande como ambiciosa de manejar el país, angurrienta en la demanda de fondos y tratando de capturar más porcentajes de coparticipación. Cuando no pudo evitarlo consintió el Fondo del Conurbano que enriqueció la tesorería de las gobernaciones de Duhalde, pero en cuanto pudo lo eliminó jibarizándolo en el Presupuesto.

Por esa inclinación anti-bonaerense la liga adoptó en la crisis de 2001 el nombre de Frente Federal y asumió la representación de las provincias frente a las pretensiones de Buenos Aires de liderar al peronismo. 

Desde los años '80 el peronismo formal ha funcionado como un club de mandatarios que toma las decisiones del conjunto que después se formalizan en los organismos institucionales. La liga soportó el ascenso de Carlos Menem a la presidencia pero siempre funcionó con juego propio respecto de los presidentes. En cada oportunidad sindicó el poder en quien pudiera asegurarle a la formación retener el poner nacional. Esa mesa de gobernadores avaló la reelección de Menem en 1995, le soltó la mano a Eduardo Duhalde en 1999 porque entendía que no iba a ganar la presidencial de ese año, y se negó a unificar las elecciones locales a la nacional. En 2003 aproyó en la primera vuelta a Menem pero cuando se planteó el balotaje le sacó el banquito al riojano y dejó vía libre a que Néstor Kirchner asumiera como presidente, aunque hubiera perdido en las urnas. Ha sostenido el ciclo Kirchner como la mejor manera de retener el poder nacional y se ha beneficiado del ciclo de más reparto de fondos de Nación a las provincias, aunque aquélla retuviera las riendas de cómo y con quién se hacen los gastos. Kirchner fue años gobernador y sabía que gobernador con dinero no hace política y en ese axioma basó la buena relación con la liga de la que él había sido socio principal.

Durante muchos años la sede de deliberaciones de esa liga de mandatarios fue el Consejo Federal de Inversiones en la Capital Federal, adonde se significaron como bastoneros Rubén Marín y después Eduardo Fellner. En la crisis de 2001 se tramitaron allí varias sucesiones presidenciales que terminaron con la designación de Adolfo Rodríguez Saá. También allí se escuchó por primera vez la palabra "pesificación"en boca de José Manuel de la Sota, inspirado por dos economistas norteamericanos anti convertibilidad cuyos nombres se pierden en el tiempo.

El efecto electoral en el gremialismo

Massa busca la unidad sindical “desde abajo”

POR RICARDO CARPENA, CLARIN


29/10/13
El domingo no sólo perdió el Gobierno: hubo pocos gremialistas que se salvaron del naufragio electoral. Apenas el massismo y la izquierda tuvieron motivos para celebrar. El resto quedó en un estado de tanta debilidad política que nadie se anima a pronosticar lo que viene, pero todo indica que el futuro del sindicalismo peronista será agitado.
En pleno ascenso, Sergio Massa no se quedará quieto: pasado mañana, sus dirigentes elaborarán un documento que se presentará en sociedad durante un acto que se realizará dentro de diez días, en La Plata, y en el que el líder del Frente Renovador llamará a la unidad del movimiento obrero. No serán invitados los jefes de los principales sindicatos, sino los segundos y terceros niveles de conducción.
“Es que la unidad se construye de abajo hacia arriba”, explican cerca del intendente de Tigre.
Será una forma de graficar su fuerte apuesta a la renovación dirigencial, además de una manera elegante de evitar la foto con algunos caciques sindicales que no tienen buena imagen. ¿Se convertirá, además, en la opción elegida para no insistir en el final de la reelección indefinida, que había insinuado Massa y que provocó más quejas que elogios en los gremialistas que lo rodean y que tienen muchos mandatos encima?
Ese punto no figuraría en el documento que redactarán Héctor Daer, Pedro Machado, Julio Ledesma, Juan Carlos Murúa, Fabián Alessandrini, Alberto Roberti y Carlos Acuña, pero sí estarán otros, aseguran en el massismo, como “la defensa del modelo sindical, la protección del sistema de seguridad social y de las obras sociales, la actualización por ley de las asignaciones familiares y la consolidación de las convenciones colectivas sin la canibalización de los reclamos por encuadramiento”. Detrás de esa estrategia está uno de los grandes ganadores sindicales en las elecciones: Carlos West Ocampo, jefe de Sanidad y uno de “los Gordos”, el verdadero cerebro que propició el acercamiento de los principales gremios a Massa.
El sindicalismo massista piensa pedirle a Hugo Moyano que permita que su hijo Facundo se sume al esquema de “unidad de abajo hacia arriba”. ¿Lo aceptará? El camionero parece haber acusado recibo del traspié electoral. Ayer ni apareció por su gremio y la noche de las elecciones no estuvo al lado de su socio Francisco De Narváez, sino en Neuquén para acompañar a un aliado exitoso: el petrolero Guillermo Pereyra, que ganó con un 42% de los votos y fue elegido senador nacional.
La alianza moyanista-denarvaísta quedó cuarta en la Provincia, con un 5,46%, e incluso obtuvo menos votos que en las PASO: pasó de 915.000 sufragios a 469.336. Un balance que no puede satisfacer al líder de un gremio poderoso que armó un partido con la aspiración de acaparar el voto de los trabajadores.
Para los que conocen la interna camionera, el pase de facturas será inevitable. Algunos les apuntan a Octavio Argüello y Jorge Mancini, los operadores de Moyano y quienes lo alentaron a cerrar un acuerdo con De Narváez. Las exiguas dos bancas de diputado obtenidas el domingo le permitieron el premio consuelo de que su amigo Omar Plaini pueda seguir en la Cámara Baja, pero no pudo colocar ni un concejal propio. Para colmo, su suerte puede empeorar: en Tribunales dicen que sería inminente un fallo de la Corte que anularía una resolución de la Cámara de Apelaciones del Trabajo que había beneficiado al gremio de Camioneros para afiliar a unos 100 empleados de la empresa Gate Gourmet, del Sindicato de la Alimentación.
Los comicios también amargaron a Gerónimo “Momo” Venegas (obtuvo 137.216 votos bonaerenses, el 1,60% del total) y a Luis Barrionuevo (cuya lista de diputados quedó tercera en Catamarca, con el 18,75% de los votos), aunque el gastronómico compensó con dos alegrías: por un lado, las bancas provinciales que logró pondrían a su gente cerca de presidir el Concejo Deliberante y la Cámara de Diputados; por otro, Acuña, uno de sus aliados gremiales, fue elegido diputado provincial en la lista de Massa.
En la CGT Balcarce tampoco hay clima de festejo, por más que Antonio Caló y Omar Viviani hayan sobreactuado la alegría en el escenario kirchnerista del domingo: sólo ubicó con lo justo al mecánico Oscar Romero como diputado (estaba en el puesto 11 de la lista de Martín Insaurralde y entraron 12 legisladores). Y el ultraoficialismo del jefe de la UOM también pudo haber tenido que ver con las sugestivas derrotas de dos intendentes de origen metalúrgico como Hugo Curto, en Tres de Febrero, y Francisco “Barba” Gutiérrez, en Quilmes.
La mesa chica de la CGT kirchnerista analizará las elecciones esta semana, pero no habría definiciones hasta que se sepa cómo reaccionará Cristina ante el revés en las urnas y cómo terminará la interna en el PJ. Hay quienes hablan de “autonomía” para describir la etapa que viene en su relación con el Gobierno, pero se dividen al imaginar la pelea de 2015: otros, como Caló, apuestan a Scioli, y otros, a tono con Carlos Zannini y el núcleo duro del cristinismo, a Urribarri. Massa aún es resistido en esta CGT, pero todo puede cambiar, sobre todo si defiende el modelo sindical y garantiza que nadie toque la reelección indefinida.

domingo, 27 de octubre de 2013

El lenguaje de los números

Más allá de los detalles, los resultados electorales ofrecerán un menú dividido en tres grandes propuestas a la Argentina de 2015:
OFICIALISMO. El kirchnerismo, como tal, quedó sepultado en las PASO. El justicialismo liderado por los gobernadores mantendrá un tercio a partir de la suma de votos desperdigados en todo el país y, principalmente, en las pequeñas provincias del interior. Los gobernadores parecerían reconocer en Daniel Scioli al heredero del kirchnerismo. Lo dijo Lole Reutemann, pero es un secreto a voces para el resto. Es curioso, ya que Scioli perderá en su territorio. Evidentemente, el peronismo no le atribuye a él la derrota; eso podría producirse sólo si Martín Insaurralde perdiera votos respecto de las PASO.
PROGRESISMO. Los radicales arrasaron en Mendoza y, junto con los socialistas, también en Santa fe. Saldrán segundos en Capital y en Córdoba. Pero, además, el radicalismo compite palmo a palmo con el oficialismo en las provincias del interior, ganando algunas probablemente. Suena fuerte la fórmula Cobos - Bonfatti. Binner volvería a competir por la gobernación santafecina, Sanz presidiría el partido y una serie de figuras aparecerían en el firmamento radical, tales como el tucumano José Cano, el formoseño Ricardo Buryaile, el chaqueño Ángel Rozas, el pingüino Eduardo Costa, el riojano Julio Martínez, el correntino Ricardo Colombi y Lilita Carrió, quién competiría con Cobos en la PASO del 2015.
CENTRO DERECHA. El PRO se impuso en Capital, el Frente Renovador de Sergio Massa, en Provincia, José Manuel de la Sota en Córdoba y Mario Das Neves en Chubut. En apariencia, es el gran ganador de la jornada, pero no parece que todos vayan a coincidir en una misma propuesta electoral. Es probable que De la Sota, Das Neves y el santacruceño Daniel Peralta regresen al seno del justicialismo. Por otra parte, Sergio Massa no parece traccionar muchas voluntades peronistas fuera de la provincia de Buenos Aires. Debería llegar a alguna clase de acuerdo con Mauricio Macri. A primera vista, y en función de los antecedentes, eso no será fácil. Macri no pudo mantener su acuerdo con Francisco de Narváez y el principio de acuerdo entre el macrismo y el massismo para la lista de diputados fue muy frágil. Los renovadores no quieren aparecer sindicados en este espacio. Macri, por su parte, puede mostrar una gran elección en Capital y alguna construcción en el interior. En ese sentido, está mejor parado que Massa. Y está más posicionado como presidenciable. Pero lo que tiene Macri le falta a Massa, y viceversa. 

La moderación venidera

Nuevamente, Perfil vuelve a destacarse por su producción periodística.
A continuación, Manuel Mora y Araujo comenta lo más importante que sucederá hoy en las urnas: el voto por la moderación.
La moderación no garantiza el crecimiento económico, ni la justicia, ni la verdad. Pero es un ingrediente fundamental para la vida republicana y favorece la creación de consensos y acuerdos mayoritarios, que son tan importantes para la vida en democracia.
Por otra parte, el autor de la nota hace resaltar el fallo de la Corte Suprema en el caso de la reelección santiagueña: uno de los hechos más importantes para la república en los últimos tiempos.+)

LA ARGENTINA QUE EMERGE  

Hacia un país moderado

Gran parte del electorado aparece más cercano al gradualismo que al todo o nada. Respuestas antes o después de 2015.

Por Manuel Mora y Araujo

Se cerró el proceso preelectoral y el país vota. El resultado de la elección legislativa definirá el entorno político de los últimos dos años del mandato de la Presidenta. Al mismo tiempo, de este proceso emerge un país en muchos sentidos bastante más “normal”, política e institucionalmente. Un país en mejores condiciones para encarar una sucesión presidencial y un período de grandes dificultades macroeconómicas, en un contexto mundial ya de por sí complicado.
Los resultados electorales los conoceremos en pocas horas; hasta ahora, las encuestas y las presunciones coinciden, a grandes pinceladas, en que el electorado está buscando correcciones en los equilibrios políticos sin demasiados dramatismos. Muchos votantes se alejaron del espacio oficialista, pero para instalarse no en los campos fuertemente opositores sino en espacios de las “vecindades” políticas, donde coexisten –con mayores o menores grados de acuerdos– moderados de diversos matices: ex kirchneristas, anti- kirchneristas moderados y hasta algunos kirchneristas moderados. Esto que a falta de mejor palabra llamamos “moderación” –una preferencia por los cambios graduales, rechazando el ‘blanco y negro’ o el ‘todo o nada’– es la mejor expresión del humor imperante en una gran parte del electorado argentino de hoy.
La moderación excluye las respuestas extremas a los complejos problemas que nos agobian, así como las hojas de ruta excluyentes de las que persiguen otros. Es como un método; no anticipa qué se hará, sino cómo se hará lo que se haga; dice poco de los objetivos de quien pueda alcanzar el Gobierno y dice más de los caminos que elegirá para encauzar el rumbo hacia esos objetivos. La moderación es irritativa para quienes mantienen puntos de vista vehementes acerca del presente y de los problemas que llenan la agenda actual; también irrita a los amigos de los diagnósticos terminantes que propugnan recetas inflexibles. El hecho es que en la Argentina actual la población se manifiesta moderada. Moderados son también, por ejemplo, muchos republicanos y demócratas de Estados Unidos que acordaron evitar el default y para eso sacrificaron algunas de sus convicciones, como lo son los millones de ciudadanos de ese país que –de acuerdo con las encuestas de estos días– dan su consentimiento al acuerdo y premian a quienes lo alcanzaron. Es un buen ejemplo, porque muestra que la moderación no resulta de que todos sean moderados sino de que los moderados de cada lado prevalezcan sobre los extremistas de cada lado.
La moderación puede ser “ni chicha ni limonada”, pero no necesariamente. Puede ser también un blend equilibrado, como esos cafés en capsulitas que se presentan en valores medios de la escala de “intensidad”. No son ni muy fuertes ni muy débiles, lo cual no sólo no tiene nada de malo sino que para muchos consumidores son los preferidos.
La Argentina moderada que parece ir emergiendo de esta elección nacional no se refleja solamente en las preferencias de los votantes y los perfiles de la oferta política actual. También el Gobierno –este gobierno, gran campeón de causas no moderadas, cultivador de un estilo poco moderado– se ha moderado en algunos aspectos. Se lo ve ante todo en la selección de los candidatos y en el estilo de campaña de la mayoría de estos; también en los espacios mediáticos que el Gobierno promovió para sus espadas moderadas y que tendió a restringir para los espadachines poco proclives a matices. Las campañas de Insaurralde, de Filmus o Taiana, y la figura de Scioli, para no ir a las provincias, son arquetipos de moderación, que buscan convocar a votantes independientes alejando el fantasma de los “duros” del kirchnerismo que el electorado manifiestamente está evitando. Lo mismo sucedió del lado de las candidaturas opositoras: el Frente liderado por Massa, el PRO y varios referentes de UNEN hicieron gala de moderación en sus críticas al Gobierno. No siempre se dejaron llevar por instintos moderados cuando se refirieron a otros opositores, pero a la larga, durante estas campañas, prevaleció la moderación.
El Gobierno se moderó en el campo de las políticas públicas. Galuccio es un moderado de la política energética. Berni o Granados no son exactamente moderados, pero su presencia en las primeras filas de la toma de decisiones tiene un efecto moderador, porque contrarresta en 180 grados las políticas vigentes hasta ahora. Boudou –dejando de lado otros problemas que lo afectan– o Lorenzino son moderados de este gobierno, y tienen más protagonismo estas semanas del que tuvieron desde hace tiempo. Algunas señales que la Argentina viene dando en el frente financiero internacional van en la misma dirección.
A partir de ahora, la política se verá exigida a responder en términos que requerirán un enorme esfuerzo para equilibrar ese estilo moderado hoy demandado por la sociedad y ciertos grados de osadía para encarar los problemas pendientes. No sabemos si esas respuestas empezarán a producirse antes o después de la elección presidencial de 2015; pero, tarde o temprano, tendrán que producirse. Las respuestas no moderadas –las fuertemente doctrinarias o tecnocráticas– no funcionarán porque son políticamente inviables. La Argentina no requiere “salvadores” sino dirigentes políticos preparados para definir dónde se tomarán las decisiones que hacen falta para ir enderezando el país, cómo se identificarán los ámbitos de debate constructivo y de formación de consensos. La sociedad moderada no está reclamando soluciones predeterminadas, está esperando que sus dirigentes y representantes encuentren algunas fórmulas viables para cada problema dentro del mayor arco posible de consensos efectivos.
Hay otro factor de moderación institucional, invalorable e insustituible, que es la Corte Suprema. Se esté o no se esté de acuerdo con el contenido de cada uno de sus fallos, en la tendencia de sus decisiones la Corte se ha erigido en un custodio de la interpretación moderada de la Constitución, prefiriendo pequeños conflictos ocasionales con el Ejecutivo –o tal vez, a veces, dentro del mismo cuerpo– a dejar que el país caiga en situaciones extremas, fuertemente divisivas, que serían de difícil o arduo retorno. El fallo sobre Santiago del Estero, casi como broche de este proceso preelectoral, fue una contribución no menor a la moderación de las propensiones al absolutismo que anidan desde siempre dentro de nuestra dirigencia política.

La gran incógnita

La salud presidencial es la gran incógnita.
Los interrogantes giran en torno del regreso o no de la Presidente a sus labores, y del nivel de condicionamiento que le imponen sus capacidades.
La comunicación presidencial, tan poco apegada al rigor informativo, tiene parte de la responsabilidad.
Es probable que haya quienes se ilusionen con las posibilidades que ofrece el futuro inmediato, y que pueblan el espacio común con versiones y profecías que sólo infunden confusión.
Copiamos a continuación el mejor artículo del fin de semana sobre el particular.+)

ALERTA POR LA SALUD PRESIDENCIAL  

El riesgo de volver igual

Se descarta que Cristina reasuma sus tareas habituales antes del 8 de noviembre. ¿Y después? Cuidados extremos y evitar el estrés.

Por Nelson Castro

El martes 22 fue un día particular. A partir de las 12 del mediodía, un rumor cruzó los ámbitos del oficialismo. El tema era excluyente: otra vez la salud de la Presidenta. La versión de que, ante una complicación de su afección, Cristina Fernández de Kirchner sería trasladada a Fleni corrió como reguero de pólvora. Fleni es un centro médico de primer nivel dedicado a las enfermedades neurológicas. Tan fuerte fue el rumor, que en algún momento un jefe de servicio de Fleni se comunicó con su par de Cuidados Intensivos y director del Centro de ACV de la Fundación Favaloro, el doctor Francisco Klein, a quien impuso de esa versión, que resultó falsa.
Lo que se vive dentro del Gobierno en relación con la salud de la jefa de Estado está acorde con lo que ha sido su estilo de gestión. Ningún ministro tiene información directa sobre este delicado asunto. Los únicos que tienen acceso a ello son sus familiares más cercanos y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini.
La observancia por parte de la paciente del reposo indicado por el doctor Facundo Manes es estricta. Fernández de Kirchner pasa horas viendo películas y goza de muy buen humor. Está más tranquila. Hasta aquí, Manes la ha visitado casi a diario. La extracción de puntos se realizó sin inconvenientes. La tomografía computada de control, efectuada el miércoles 23 por la noche, mostró una buena evolución del posoperatorio, con una adecuada expansión del tejido cerebral en la zona frontotemporal derecha.  
Desde el punto de vista cardiológico, la tarea de los estudios ha estado encabezada por un equipo integrado por los doctores Francisco Klein, Ramiro Sánchez, experto en hipertensión arterial de reconocimiento internacional, y Oscar Mendiz, quien hizo la coronariografía. El parte médico que se dio a conocer confirmó la información consignada en esta columna referida a ese procedimiento y al bloqueo de rama izquierda que padece el corazón de la Presidenta. En estos momentos, esa patología no representa ningún riesgo, por lo que la eventualidad de tener que colocarle un marcapaso no parece ser algo del presente.
En el comunicado se hace hincapié sobre el problema crónico que padece la paciente y que genera una lógica inquietud en los especialistas que la atienden: la lipotimia. El porqué es sencillo: una lipotimia (hipotensión) podría producir mareos o desvanecimientos que acaben con la Presidenta golpeando otra vez su cabeza. Y ésta es una circunstancia sobre la que, de ahora en más, deberá extremar los cuidados, ya que ello puede dar origen a la repetición del hematoma subdural u otros sangrados intracraneanos.
En medio de todas estas alternativas, una pregunta carcome los espíritus y las mentes de muchos funcionarios y líderes del oficialismo: ¿la Presidenta vuelve? Todos lo van a negar, pero es el interrogante que recorre los pasillos del poder.
Hay una frase del parte médico del miércoles que no ha sido puesta por casualidad y que arroja luz sobre la vida futura de Fernández de Kirchner. Dice así: “Continuará con reposo hasta que se cumplan los treinta días de cirugía, realizándose oportunamente nueva evaluación (N. de A.: una nueva tomografía computada de cerebro). Puede realizar caminatas pero no ejercicios que requieran un importante esfuerzo físico, y deberá evitar las exposiciones de estrés”. 
En principio, se descarta cualquier posibilidad de que la Presidenta reasuma sus tareas antes de pasados los treinta días de la operación, que se cumplirán el viernes 8 de noviembre. ¿El aislamiento total durará hasta entonces? Es poco probable. ¿Cómo será el reingreso de Fernández de Kirchner a la plena realidad? Es posible que a partir de la semana que viene se le empiece a autorizar algún contacto lento y paulatino con asuntos de gobierno que no representen grandes problemas. ¿Cómo será el después del día treinta? Exponer a la Presidenta a un contacto brusco con la realidad sería como dejar a una persona ante un dique cuyas compuertas se han abierto de repente. ¿Cómo hacer que ello no ocurra? ¿Cómo lograr que alguien con una personalidad tan impulsiva como la de ella no quede expuesta a situaciones que den pie a sus reacciones explosivas? ¿Cómo hacer para que algunas de sus conductas, tan proclives a la irascibilidad, cambien? Sus médicos son conscientes de ello y deben estar hablando con la paciente al respecto. Un profesional de la jerarquía de Manes, que se especializa en los temas del conocimiento y los comportamientos en los que confluyen la neurología y la psiquiatría, debe estar abocado a esa tarea. La cuestión es delicada y difícil.
El poder, de cualquier tipo, expone a la persona que lo posee a situaciones de estrés. El poder político navega en medio de conflictos todo el tiempo. Los dos años finales del actual gobierno no serán fáciles. Desde el punto de vista médico, seguramente no habrá ningún impedimento para que la Presidenta vuelva a hacerse cargo de la gestión. Pero, por su bien, su conducta debería ser diferente frente a las tensiones que tendrá que enfrentar. A esos fines, lo más importante va a ser la decisión personal que tome Fernández de Kirchner, que hasta aquí ha sido una muy buena paciente, de encarar estos cambios. Sin ello y sin una voluntad para generar una modificación en su vida, no habrá posibilidad de disminuir el nivel de estrés al que se verá sometida.
¿Nos encontraremos ante una persona distinta no en sus convicciones pero sí en sus reacciones? ¿Diferente en su forma de relacionarse con sus funcionarios y con los que no piensan como ella? ¿Menos confrontativa y más abierta al diálogo? Son éstas algunas de las preguntas que plantea el futuro inmediato. Ojalá la Presidenta encare esta nueva etapa de su vida con plena observancia de los consejos de los médicos que la han tratado en este delicado trance que ha debido atravesar y que aún no está concluido. De ello dependerá, al fin y al cabo, su vida. 

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

sábado, 26 de octubre de 2013

De cara al 2015

Roberto García se tomó algunos días para reconstruir este entramado de la historia tan importante para analizar los cursos de acción futura de tres de los cuatro actores que se desprenderán mañana para el 2015: Daniel Scioli, como referente del oficialismo; Julio Cobos, por el radicalismo, y el centro derecha, que se dirimirá entre Mauricio Macri y Sergio Massa.+) 



MAURINAUTA, Mauricio Macri. Dibujo: Pablo Temes.
MAURINAUTA, Mauricio Macri. Dibujo: Pablo Temes.
Casi sin explicaciones, el vértigo electoral por poco ocultó una historia fascinante: el pacto que no fue. El acuerdo que, luego de varios meses, tejieron los protagonistas de la elección del domingo 27 y que estalló, abortado, la misma semana en que las partes debían presentar las listas de candidatos. A horas apenas de esa consumación. Y quienes iban juntos, agremiados y entusiastas –Daniel Scioli, Sergio Massa, Mauricio Macri, Francisco de Narváez y, en un plano menor, Hugo Moyano– culminaron la breve luna de miel separándose en desvíos diferentes, con destinos opuestos. Como adversarios, odiándose lenta, progresivamente.
La primera cumbre de esa agitada semana entre Massa y Scioli, un martes, se realizó en el domicilio del empresario mediático y futbolístico Daniel Vila, quien actuaba como celestino con la confianza doble de las partes: uno debido a una vieja relación íntima, familiar, forjada en la Gobernación; el otro porque había compartido veraneos en carpas vecinas, en Pinamar, antes de que el dueño de casa se fuera a vivir con Pamela David (de ahí atribuyen la influencia que en ocasiones ejerce el socio de Vila, José Luis Manzano, sobre el intendente de Tigre). Hubo coincidencias previamente ensayadas por laderos de los jefes políticos, rubricadas de palabra. Hasta acordaron la hechura consensuada de las listas –tema que suele dividir a los participantes de una coalición–, la proporcionalidad del reparto: acá había lugar para todos. Parecía superarlos un solo criterio: impedir, bloquear las aspiraciones reeleccionistas de Cristina de Kirchner.
Para el gobernador, había una condición: no agraviar al Gobierno y evitar temas urticantes que afectaran a la Presidenta (su interlocutor asintió, él había sido jefe de Gabinete). A buen entendedor, pocas palabras. Si bien sólo Massa y Scioli participaron de la reunión, no eran los únicos con la misma iniciativa política y, en el encuentro, planeó el convencimiento de que Macri y De Narváez (quien portaba al sindicalista Moyano como furgón) se acoplaban en esa defensa constitucional. En rigor, los dos contertulios ya habían conversado con esos ausentes, compartían una vocación común; a su modo, cada uno ya había formalizado un tratado con esos dirigentes. Tanto que en unas pocas horas se había consagrado una división en la nómina de las postulaciones: mayor dominio de Massa, cerca la gente de Scioli, más reducido el volumen para el macrismo y un remanente pequeño para De Narváez-Moyano. Algo así como 50, 30, l5 y 5% .

Avance. Durante el miércoles y el jueves de esos días febriles, al margen de los intercambios telefónicos para resolver dudas, se juntaron varios equipos designados por las partes. Una de las usinas más activas para la unificación respondía a las convocatorias e instrucciones que operaba Fabián Perechodnik, un reconocido especialista en encuestas (Poliarquía), quien hasta expuso su casa para una cena que se entendió inolvidable debido a la constitución de una lista llamada a ser invencible (ni siquiera entonces advirtieron que no era necesaria tanta convergencia de fuerzas para la epopeya de vencer al kirchnerismo; bastó, por último, con una sola).
Avanzó tan velozmente la alianza que la agencia y el próspero publicista Ernesto Savaglio se responsabilizaron de la propaganda futura del combinado, aceptado y recomendado por todos. Curiosamente, por culpa del fracaso posterior del pacto, el mismo agente con tantas dificultades para divulgar el castellano en sus afiches hoy se ocupa de la campaña del oficialista Martín Insaurralde, bajo la obviedad del MI que sus detractores convirtieron en Misión Imposible. Se debatían colores, cartelería y eslóganes; hasta el ministro Jorge Telerman fue designado desde la provincia para interesarse en la comunicación futura del mensaje y los postulantes.
Si hubo secreto inicial, la ampliación de la tarea obligó a disminuir el hermetismo. Se pasó entonces a una órbita simplemente discreta. Aun así, para asombro de algunos, la Casa Rosada parecía ignorar estos movimientos tan obvios en filas opositoras y otras en cierta forma disidentes. Nadie denunciaba el contubernio (definición arquetípica para estos casos), ni tampoco se alertaba con preguntas o advertencias. Scioli debía sorprenderse por esta ignorancia (de los servicios de inteligencia, al menos) de sus actos. Casi con seguridad, se supone, en la Rosada se distraían de este fenómeno a constituirse por la convicción de que Massa jamás se presentaría por su cuenta, ni Scioli se atrevería a un acto de tamaña intrepidez política. Raro igual en una administración tan celosa de radiografiar la actividad de sus ciudadanos. Más cuando en la noche del jueves, en un programa de TN, al intendente Jesús Cariglino le transmiten por teléfono de urgencia –lo que obligó a postergar por minutos su participación– un mensaje revelador: “Ya se cocinó la lista contra la Tía, primero va Massa, luego Karina (Rabolini), tercero De Narváez”.
Perplejo en parte, igual Cariglino no se aventuró a difundir la información: no tanto porque desconfiara de la fuente, que era indubitable, sino porque a él mismo se le desmoronaba o retrasaba un candidato en esa hilera, su hermano.

Sospechas. Para el viernes, con los ánimos en las nubes con la formalización de las listas (a presentar al día siguiente ante la Justicia), surgió un desencanto al mediodía: los bien informados se anoticiaron de que Scioli presentaba inéditas reticencias, versiones de que había recibido consejos poco amistosos de Carlos Zannini para bajarse del pacto (las que luego no fueron confirmadas), y que de repente había cambiado los hábitos, pues no viajaba a la Capital para instalarse en sus oficinas porteñas del Banco Provincia y que se recluía en La Ñata. Desbande en las primeras líneas, estupor en Massa y Macri, ni qué decir entre el mundo de los colaboradores privilegiados que ultimaban el acuerdo y esperaban lanzarse a la calle. Conciliábulos, búsquedas y la restringida invitación de Scioli para que Massa se acercara a La Ñata. En la confusión y los merodeos, se postergó el encuentro otra media hora. Y en el atardecer, con Karina trayendo café para los recién llegados, aterrizaron propios como Alberto Pérez, su jefe de Gabinete, el titular del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, Telerman, entre otros, anfitriones comedidos y azorados de un Massa campante, sosegado, sin reproches. A esa altura, más de uno había comprado la versión de que Juan Carlos Mazzón, operador de Néstor primero y en menor medida de Cristina (con experiencia en Menem y Duhalde) le había notificado al gobernador su impresión de que el solo lanzamiento de esa alianza significaba una eventual liquidación del Gobierno, ya deteriorado por reclamos y rechazos de la población.
Cierta o no la especie, Scioli le formuló esos temores advertidos a Macri por teléfono y, también de cuerpo presente, al propio Massa. “Creo que debo revisar mi compromiso ante ustedes, no los puedo acompañar, no deseo provocar ningún tipo de conmoción institucional.” Palabras más palabras menos, fue lo que expresó sin enjundia. No podía contribuir a la derrota del candidato de Cristina, más bien debía protegerla, quizás contenerla en el mal momento que atravesaba. 

Reacción. Sin parecer molesto por la decisión, comprensivo, Massa le desvirtuó esas aprehensiones, ya que –según él– la alianza no contemplaba ninguna acechanza constitucional (de hecho a él no parece beneficiarlo un anticipo de crisis), por el contrario, velaba por la escritura de la Constitución y, además, a los cuatro vientos proclamaba su adhesión a ciertas reformas que había hecho el Gobierno. Tan sólo, en todo caso, aspiraba a ciertas correcciones, las mismas que obviamente también había ventilado Scioli en esas reuniones.
Ese discurso provocó en el gobernador algún sacudón interno, por lo menos es lo que creen los presentes. Se volvió titubeante, como si recapacitara de lo que había manifestado, y empezó a consultar la opinión con sus funcionarios. En la marea de apreciaciones se incluyó alguna diferencia sobre los roles del macrismo y De Narváez, ya que Massa señaló inquietud por la actitud demasiado beligerante que le atribuía a FDN en la campaña (de ahí que el Colorado, herido, repitiera en público que Massa era el caballo de Troya de Cristina) y tampoco se sentía del todo identificado con su aparición cercana a Macri, al que las encuestas ubican en un flanco extremo de la política, cuando a él le interesa caminar en exclusividad por la autopista del centro. Dentro del nerviosismo del ambiente, la conversación era afable, Scioli insistía en interrogar a sus colaboradores sobre el curso a seguir y, como si nada fuera inminente, se apocaba en una dulce y transitoria espera.
Pero al día siguiente había que presentar las listas ante la Justicia, establecer los candidatos. No se podía aguardar más. Scioli volvió al comienzo de su presentación y dijo que prescindía del acuerdo por la responsabilidad del cargo. Cuando exponía las razones de su deserción, pareció emocionarse, amagó incluso una descarga sentimental. En rigor, fue un instante de congoja: luego se fue al vestuario, se equipó para el futsal y se fue para la cancha a jugar con Tevez, el invitado de la noche. Luego hubo comida, quizás hasta jugó al ajedrez con el controversial Alberto Samid. Como suele decir, el despliegue físico, la actividad deportiva, le evita la concurrencia al psicólogo, le repara ciertas desavenencias con él mismo.
La novedad del retiro pasmó a muchos; ni tiempo tuvieron Massa y De Narváez para armar sus nuevas listas, para reemplazar a los caídos de Scioli. Incluso, hasta llegó tarde la información: el sábado al mediodía, en el hotel Emperador, todavía rondaban los punteros del Colorado sin saber quién integraría las nóminas, menos si era necesario salir a buscar voluntarios en algunos distritos para cubrir las vacantes perdidas. Tarea que, en alguna medida, pudo componer Moyano cuando a primera hora de la tarde se apersonó en el lugar y empezó a cubrir baches. O sea, a conseguir ubicaciones que ni siquiera había negociado. Aunque fuera una ilusión inútil, ya que las primarias del domingo siguiente demostraron que esa fuerza descendía en declive y, para el próximo 27, se la consignaba disgregada, en disolución. Hasta con los mismos protagonistas.

Conjeturas. Para algunos atentos, la retirada de Scioli correspondió al mensaje alarmante vertido por Mazzón. Aunque a esta altura de la vida, se supone que Mazzón ya no asusta a nadie. O tal vez hubo otros mensajes más intimidantes cuya procedencia se ignora. O se sospecha. También es posible que el gobernador entendiera en la prisa por el armado de la unidad que, sin desearlo, podía convertirse en un detonante de una crisis política o económica anunciada por varios sectores. Y se negó a ese protagonismo que podría ensuciarle sus aspiraciones futuras a la Presidencia.
Más bien, como otros gobernadores, detectó cierta peligrosidad en la energía de Massa, ya que algunos –por la formación peronista– tienden a creer que puede convertirse en una réplica de lo que fue Néstor Kirchner (además, a su vera también lo asiste una mujer belicosa). Y se asumió Scioli, en ese viernes complicado, en un cristinista de la primera hora (por lo menos, hasta el próximo 28, cuando quizás comience a jugar otro papel), en un defensor del modelo más ferviente que Luis D’Elía. 

Estrategia. Por lo intempestivo de la ruptura, impropia para un contumaz y avezado jugador de ajedrez como él, se sugieren otros análisis. Por ejemplo, copiando las escuelas pasadas de Menem y Duhalde en este tipo de ejercicios, hay quienes imaginan que su aventura pactista jugaba a un doble propósito: no romper con la Rosada, presentarse como el mejor alumno para el futuro del kirchnerismo y, sobre todo, llevar a Massa hasta el desfiladero, acompañarlo, para luego dejarlo solo ante el abismo, suponiendo que éste no se animaría a saltar. Y, por lo tanto, contenerlo en su avance para la Presidencia, sujetarlo a una postulación provincial, al puesto que él mismo debe abandonar en 20l5. En realidad, con el pacto arrastraba a Massa como gobernador. Ahora, en cambio, al abandonarlo, lo volvió postulante seguro a Balcarce 50. Pero son muchas las especulaciones que genera el pacto que no fue, refinadas o no, incluyendo la suspicaz inquietud de que toda estrategia sciolista –si la hubo– estuvo acordada con la Casa Rosada, connivencia que ahora cualquiera podría suscribir. Pero no en ese momento.
Sin embargo, estos tanteos mostrarían una apreciación equivocada. Y, sobre todo, una falla en su propio servicio informativo. Por un lado, no aceptar que Massa se arrojaría al vacío de cualquier forma, que no parecía tener miedo de ese salto; compartía el mismo criterio con Cristina, consensuado o no, ya que tampoco Ella imaginó esa aventura solitaria en un intendente.
El gobernador y la Presidenta quizás adolecieron de un dato imprescindible y que ahora se vuelve determinante: desconocieron que Massa ya había jurado saltar y que ese destete lo había compartido con una veintena de colegas bonaerenses, todos titulares de municipios clave.
Esa coronación ocurrió un mes antes de las primarias, en un encuentro con intendentes, donde una tarde confirmaron que confrontarían al Gobierno luego de tres exposiciones profesionales. Ese día, y al margen de lo que estaba en sus cabezas hacía varios meses, escucharon la exposición económica de Ricardo Delgado –mucho más crítico de la situación de lo que hablaba por TV–, la tendencia de las encuestas de opinión formuladas por el ecuatoriano Jaime Duran Barba y un pormenorizado sondeo psicológico de perfiles e impresiones que elaboró Guillermo Olivetto, un experto en marcas y consumo. Aunque no se conoció el saldo, fue obvio que allí emergió la indeclinable candidatura de Massa, también el compromiso de los participantes. Hubo quienes no lo vieron, y otros que no quisieron verlo.


lunes, 21 de octubre de 2013

Clarín ya eligió

Scioli, el calculador frío que aprendió de Menem y de Kirchner

POR JULIO BLANCK

20/10/13
El espectáculo de esta semana fue notable, aunque quizás no demasiado notorio. El gobernador Daniel Scioli, que acostumbra abrumar con su hiperactividad atropellando la pila de críticas sobre su gestión, acaba de completar un primer ensayo general del papel protagónico que sueña interpretar.
El martes estuvo en un congreso sobre responsabilidad social en Ezeiza, con su nuevo ministro de Seguridad, Alejandro Granados, como anfitrión en su clásico restorán camino al Aeropuerto. La foto de ese día mostró a Sciolicompartiendo sonrisas con Lula y Felipe González. Ni el ex presidente brasileño ni el ex primer ministro español pudieron ver a Cristina, convaleciente en Olivos. A cambio, vieron a Scioli.
El miércoles en Mar del Plata, Scioli fue la figura en la cena de IDEA, en el coloquio que cada año reúne a buena parte de la elite empresaria y política. Allí, casi sin ponerle énfasis a sus palabras, criticó las fallidas políticas oficiales contra la inflación. Fue un palo para Guillermo Moreno y una caricia para el empresariado y de la dirigencia peronista, que por razones diversas coinciden en ver a Moreno mucho más como un problema que como una solución.
La sola presencia de Scioli en IDEA marca un tiempo de cambio. La última figura de gobiernos kirchneristas que había pasado por allí fue Roberto Lavagna, en 2005. Poco después Kirchner lo empujó del Ministerio de Economía y ordenó vaciar el encuentro empresario de funcionarios de alto rango.
El jueves 17 de octubre Scioli encabezó actos peronistas en Avellaneda, Tecnópolis, Quilmes y Santa Fe. Y el viernes asomó su rostro imperturbable por Bolívar, donde Marcelo Tinelli reabrió un cine: por nada del mundo se iba a perder esa cita de la farándula. También estuvo allí Martín Insaurralde, que caminando junto al gobernador está dando buena pelea después de la derrota en las primarias.
Nada deslumbra más a Scioli que mostrarse como garantía de gobernabilidad para la etapa que vendrá, inevitablemente, cuando el sol de Cristina empiece a conocer el ocaso. Supone que ese es el paso natural hacia la candidatura presidencial y la Presidencia misma. Cree inevitable esta secuencia pero trabaja para que se le cumpla,aguantando lo que sea sin que su naturaleza parezca violentarse.
Después de verlo actuar durante más de quince años, desde que entró a la política, se concluye que Scioli no inventó un personaje y un libreto y los actúa día tras día, sino que ese personaje y ese libreto son él mismo. De tan simple, a veces resulta difícil de entender.
Scioli, tan afable en público, puede ser muy áspero en el trato cuando tropieza con alguna contrariedad que lo pueda alejar del objetivo.
El poder es su propósito y su ideología. Quizás por eso los peronistas lo sientan tan peronista. Aunque lo suyo sea un peronismo de liturgia simbólica y de aplicación más bien pragmática, de discurso flexible, adecuado a los tiempos y las circunstancias. En fin, un peronista de verdad.
Personajes poderosos, con cargos de gobierno y abundancia de recursos, trabajan para que a Scioli no le toque nada, para que su herencia del tiempo kirchnerista sea igual a cero, y que su paciencia para soportar cuanta perrada le han hecho no le dé otro fruto que la amargura y el rencor.
Scioli dice que ya conoce qué cosas enojan a Cristina y su entorno, y trata de evitarlas cuanto puede. Su negocio es llegar lo menos mellado posible al momento en que se discuta el futuro. Bajo este cristal, su tolerancia persistente podría no ser una cortedad del espíritu, sino laconducta guiada por el cálculo frío del que no está dispuesto a dejar que nada lo distraiga de su ambición.
Si hasta parece sentarle bien un triunfo sin paliza de Sergio Massaen la elección del próximo domingo, que consagraría la declinación del núcleo duro kirchnerista y la salida de Cristina en 2015.
En el camino lo esperan Massa, Macri, Binner, Cobos, tipos que pretenden el mismo premio y que van a entrar enteros y victoriosos a esa carrera final. Quizás largue en desventaja, pero Scioli quiere competir como sea. Sería un error descartarlo antes de tiempo.
Un detalle de su paso por Mar del Plata: cuando terminó la cena de IDEA en el Sheraton no salió por la puerta principal sino que eligió irse por la cocina, saludando a los trabajadores del hotel.
Como hacía Menem, como en su tiempo hizo Kirchner. Estuvo con los dos, aprendió de los dos.

domingo, 20 de octubre de 2013

Los motivos del espionaje norteamericano

“El espionaje es por intereses económicos, no por terrorismo”

POR AUGUSTO ASSÍA. RÍO DE JANEIRO. ENVIADO ESPECIAL.

El periodista Glenn Greenwald, quien en The Guardian publicó los documentos que filtró Snowden, habló con Clarín en Río de Janeiro. Afirmó que el gobierno de EE.UU. le ha mentido a todo el mundo.

CLARIN, 20/10/13
Son la seis de la tarde en el bar de un hotel de Río de Janeiro y Glenn Greenwald (46) no mira nervioso de lado a lado, no habla con el cuello del gabán levantado, ni fuma compulsivamente un cigarro tras otro. Todo lo contrario. Se le ve relajado, viste un pantalón corto y una sencilla playera deportiva.
Parece un turista más dispuesto a disfrutar del Río tropical y no uno de los hombres más espiados y acosados del planeta. La clave está en la mochila que esconde entre las piernas. En ella hay más de 20.000 documentos que han puesto en jaque la seguridad mundial, ha colocado en el punto de mira a Facebook, Microsoft, Apple y Google y ha tensado las relaciones de Estados Unidos con medio mundo.
Gracias estos documentos supimos también que no sólo millones de brasileños y la empresa estatal de petróleos, Petrobras, sino también su teléfono personal y el correo electrónico personal fueron espiados por la NSA (National Security Agency). ”El espionaje tiene que ver con petróleo, energía y con intereses económicos y no con la seguridad nacional”, asegura Greenwald.
“Abrí un archivo y quedé impresionado. Cuando abrí el segundo, me di cuenta de que estaba ante algo fuera de lo normal”, explica al recordar aquel día del mes de mayo cuando recibió de manos de Snowden el primer material. “Yo había trabajado antes con documentos secretos pero esto era un escándalo global porque estábamos hablando de empresas como Skype, Google, Facebook y Apple que son utilizadas para la comunicación mundial”.
Todos esos documentos están ahora en la mochila de colegio que guarda entre las piernas mientras bebe un vino y habla con Clarín.
“Siempre la llevo conmigo, aunque tengo varias copias”, dice tomando la copa de vino tinto. “La información está cifrada; así que, si me la roban, el ladrón no tendrá nada”.
–¿Pero ustedes son acusados de traidores y hacer el trabajo a los terroristas?
–Sí, claro y eso es inevitable porque en EE.UU., cuando tú publicas algo que el gobierno no quiere, te llaman terrorista y más después del 11-S, pero no fue muy eficaz. Todo el mundo sabe que estamos contando que personas inocentes, gente normal, está siendo espiada, por eso no ha funcionado decir que somos traidores.
–¿Por qué no usar WikiLeaks?
 Snowden podía haber subido todo a Internet o ir a WikiLeaks, pero vio lo que pasó con Bradley Maning (detenido en una cárcel estadounidense) y pensó que la mejor estrategia era hacer las publicaciones a través de medios convencionales. No quería que pensaran que somos terroristas o irresponsables y dejar ahí la información en Internet nada más. No, él quería recurrir a los periódicos tradicionales porque son medios en los que los norteamericanos confían.
–¿Cómo trabaja?
–Snowden guardó todos los documentos y los archivó extremadamente bien. Había 15 carpetas, dentro de cada una hay otras 25 y en cada una de ellas otras diez más. Está todo ordenado por temas. Él sabía exactamente lo que había y lo importante que es, pero nos dio libertad absoluta para elegir lo que publicamos. No hablo de documentos antes de hacer la investigación periodística. Antes de publicar nada, yo pregunto al gobierno de EE.UU. por que no debería sacar esos papeles. Escucho sus argumentos y tomo mi decisión. Hay que decidir muy cuidadosamente qué cosas publicar y cómo van a involucrar a la gente.
–Según los documentos que posee ¿cómo clasifica a los países?
–Hay tres tipos de países: unos, que colaboran con los Estados Unidos, y no les espían a su población, salvo que se lo pidan, y que son principalmente países de habla inglesa como Canadá, Gran Bretaña o Australia. Otros, que no trabajan con los Estados Unidos pero a los que sí espía, y que son enemigos como Venezuela, Irán, Corea del Norte o China. Y un tercer grupo en el que se encuentran la mayoría de los países. Como Francia, España o la India y que colaboran con los EE.UU. en diferentes niveles.
Hasta el mes de junio, Greenwald era un periodista relativamente conocido en EE.UU., experto en leyes y autor de cuatro libros y centenares de columnas sobre derechos civiles y privacidad en las comunicaciones. Pero cuando Edward Snowden se robó decenas de miles de documentos secretos de la NSA, (National Security Agency), lo primero que hizo fue contactarlo y luego ponerse a salvo en Hong Kong. Snowden no sólo buscaba al periodista por su trayectoria, sino también por una metodología lenta y rigurosa que le impide dar más detalles sobre los documentos no contrastados, entre ellos todo lo referido a Argentina. “Se me ha presentado una oportunidad única en la carrera que ningún periodista podría rechazar” dijo semana cuando anunció que dejaba su puesto en The Guardian.
¿Ha sufrido amenazas, se siente acosado?
–Pasó un incidente en Hong Kong. Snowden me había dicho lo importante que era tener otra copia de los documentos en manos de alguien de confianza. Entonces hablé con David (Michale Miranda, su pareja brasileña) por Skype para decirle que le mandaría una copia encriptada de los documentos. Finalmente, nunca lo hice porque no sabía cómo hacerlo y 48 horas después le robaron su laptop de la casa. Desde que empezamos con las publicaciones, el abogado de The Guardian me advirtió que mis movimientos iban a ser seguidos, mis correos leídos y mis llamadas escuchadas.
–¿Cómo vivió la detención de David, su pareja?
–Era la primera vez que me sentí impotente ante lo que le estaban haciendo a la persona que más quiero en el mundo. En ese momento, me di cuenta de que era la consecuencia lógica de haber desafiado y enojado a grandes líderes del mundo y hemos publicado sus documentos secretos.  –¿Se ha perdido la confianza en los Estados Unidos?
–Barack Obama dijo que recopilaba toda esa información (de las compañías telefónicas y servidores de Internet) para luchar contra el terrorismo, pero la gente se dio cuenta de que están mintiendo a todo el mundo y que detrás del espionaje hay intereses políticos y económicos. Ahora hay una conciencia sobre el peligro de conceder a EE.UU.una posición dominante en el mundo.
–Mucha gente opina que no le importa ser espiada porque no tiene nada que esconder. – No es cierto. Y la prueba de ello es que todo mundo tiene una clave para acceder a su correo o su Facebook y también poner llaves a sus puertas. La gente entiende el valor de tener su privacidad y una sociedad que acepta el espionaje respira conformidad.
–¿Ha logrado algo con su trabajo?
 Logramos mucho. Hay un cambio radical en la forma en que los propios estadounidenses piensan acerca de la vigilancia y la privacidad. Desde los ataques del 11–S, el 80 por ciento de los estadounidenses estaba más preocupados por la amenaza del terrorismo que por los recortes del gobierno a las libertades individuales. Este año, bajó al 40 por ciento, y eso es un resultado directo de nuestro trabajo. Paralelamente, hay varias iniciativas del Congreso para reducir los fondos a la agencia NSA gracias a que conservadores y liberales, que nunca están de acuerdo en nada, casi lo logran.

Un 17 de octubre disminuido

+ El peronismo tuvo un 17 de Octubre disminuido. Casi que fue un 11 de agosto. Unas decenas de miles de militantes poblaron la Plaza de Mayo. Fue una extraña recordación. Por la falta de alocuciones, por un lado, y la escasa participación, por el otro.

+ Daniel Scioli empieza a ser el receptor del legado peronista. Lole Reutemann mismo, que se había mostrado con Sergio Massa, le hizo un flaco favor a su nuevo aliado al bendecir al gobernador bonaerense como el heredero natural del kirchnerismo. Porque el peronismo siente que el kirchnerismo fue el nombre del Justicialismo por estos años.

+ El giro al pragmatismo produjo resultados. El más destacado tal vez fue el elogio de los americanos y el vaticinio de una llegada de nuevas inversiones a nuestro país luego del acuerdo con el Ciadi.

+ Hernan Lorenzino incorporó al ex procurador de G. W. Bush, Paul Clement, especialista en litigios contra la Corte, a la defensa argentina.

+ EEUU levantó el shutdown y zafó del default pero quedó muy debilitado. Se postergó la negociación un par de meses.

+ Nuevo accidente ferroviario. El Sarmiento no frenó en Once. 105 heridos.
Encuestas. Las tendencias en Proviincia se mantienen, aunque se acortan las distancias entre Massa e Insaurralde. En Capital, en cambio, se impone el Pro que opaca a UNEN.+)

Las derechas europeas

Como decíamos hace una semana, hay cambio de tendencia política. Aunque eso de llamarlo derecha es confuso o directamente equívoco.

Europa: las derechas vienen marchando

La crisis económica y financiera global favoreció el crecimiento arrollador de propuestas de ultraderecha y xenófobas.

  • Por Carlos Gabetta | 18/10/2013 | 22:37
Euforia. Marine Le Pen, con el 24% de la intención de voto para las elecciones europeas, hizo del ultraderechista FN el primer partido francés.
Euforia. Marine Le Pen, con el 24% de la intención de voto para las elecciones europeas, hizo del ultraderechista FN el primer partido francés. | Foto: AFP

Contenido relacionado

Entre mediados de septiembre y octubre, dos hechos conmovieron al mundo. Los centenares de inmigrantes clandestinos perecidos en un naufragio ante las costas italianas de Lampedusa, y el suspenso creado por el posible default de la principal economía del mundo, Estados Unidos. 
En medio del escándalo por la tragedia y la ansiedad por el desenlace de la crisis estadounidense, pasó casi desapercibida una serie de sucesos políticos que reconocen las mismas causas e indican una ominosa evolución.
La ola. En Francia, el ultraderechista Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, pasó a encabezar, con el 24%, las intenciones de voto para las elecciones europeas de mayo próximo. Aunque en las presidenciales de 2002 el FN ya había superado a los socialistas, es la primera vez que aparece por encima de liberales, gaullistas y socialistas. O sea, como el primer partido de Francia.
En Austria, el ultranacionalista Partido Liberal obtuvo el 21% en las elecciones generales. En Noruega, el Partido del Progreso obtuvo el 16%. El Partido del Pueblo danés, el Demócrata Sueco y los Auténticos Finlandeses, todos de extrema derecha, también crecen en los países escandinavos. En Inglaterra, el partido antieuropeo UKIP, liderado por el cada día más popular Nigel Farage, logró el 25% de los votos allí donde compitió en las elecciones municipales, obligando al primer ministro conservador Cameron a endurecer sus posiciones respecto de la inmigración. En Hungría, el bandazo ultraderechista, racista y antisemita del gobierno del partido populista Fidez, presionado por el aún más derechista Jobbik, la tercera fuerza del país, llegó a provocar una reprimenda del Parlamento Europeo. En Grecia, el partido neonazi Aurora Dorada obtuvo el 7% de los votos, 18 diputados, en las elecciones de 2012. En Italia, el movimiento “antipolítica” de Beppe Grillo, que cuenta con 108 diputados y 54 senadores, acaba de pronunciarse por cerrar el paso a los inmigrantes. En PERFIL (“Roma-Buenos Aires”, 26-5-13), decíamos “El curso probable es que la crisis se profundice y el próximo Grillo resulte un líder de extrema derecha, tal como viene ocurriendo en otros países de Europa”. Tal parece que podría ser el propio Grillo.…
Fracasos reiterados. La relación de la tragedia de Lampedusa, el postergado default de Estados Unidos y el firme avance de la extrema derecha en Europa es evidente: la crisis económica y financiera global y los reiterados fracasos de las derechas republicanas y la socialdemocracia ante el problema.
La persistencia de la crisis actual provocó una evolución política internacional similar a la de 1930: mientras Europa oscilaba hacia la derecha, Estados Unidos se inclinaba por una propuesta de formato socialdemócrata. Roosevelt y su New Deal entonces; Obama ahora. Pero la situación es esencialmente distinta. La Unión Soviética ya no existe y el sistema de producción y distribución capitalista ha devenido realmente planetario. Esta crisis, ante la que vienen fracasando todas las recetas conservadoras, liberales y socialdemócratas, es pues la del capitalismo en su punto de desarrollo actual. 
Así, el New Deal de Obama encuentra una limitación: la economía soporta desde hace décadas déficits estructurales, lo que condujo a que actualmente la deuda pública resulte mayor que el PBI. La mayoría de los países desarrollados ha acabado ingresando en esa espiral; de allí las cada vez más frecuentes crisis presupuestarias y los consecuentes ajustes. La próxima cita para que el Congreso evalúe la capacidad de endeudamiento de la primera economía mundial es en enero, y tarde o temprano los mercados empezarán a preguntarse cuánto vale realmente un dólar. Porque el día que Estados Unidos enfrente realmente un default, le bastará devaluar para evitarlo. ¿Acaso no dispone de la moneda de referencia mundial? Default o devaluación, algo habrá que hacer, tarde o temprano.
De modo que Obama no tiene recursos para su New Deal. Las reformas de Roosevelt y las políticas socialdemócratas europeas y escandinavas se impusieron después de la crisis del 30 porque el capitalismo estaba en auge, era inclusivo, y existía la URSS, el enemigo común. Ahora, las socialdemocracias vienen fracasando desde hace décadas porque no asumen la nueva realidad: el capitalismo ya no es inclusivo; su crisis es estructural (“Una noción de riqueza social”, PERFIL, 22-4-12). 
Al socialdemócrata Obama le ocurre lo mismo. No piensa cambiar el capitalismo por un sistema más igualitario y adaptado a los problemas y posibilidades actuales. Confía en el propio capitalismo, en su lógica interna, para salir de la crisis. Intenta comportarse como un Franklin Roosevelt de estos tiempos, pero le ocurre lo mismo que a los socialdemócratas que se creen aún en los tiempos de Willy Brandt. Esta crisis requiere algo más que un New Deal aggiornado. 
De modo que también en Estados Unidos se agita la extrema derecha. Grupos como el Tea Party –hay varios– expresan el pánico y la desorientación de cada vez más amplios sectores sociales ante la crisis económica y el fracaso de la política tradicional para resolverla. Es historia conocida. La presión que el Tea Party pudo ejercer sobre el conjunto de los republicanos en la reciente crisis sólo se explica por una influencia en la sociedad muy superior a su número de representantes en el Congreso. 
El antagonismo, la polarización, son la expresión natural de los intereses particulares, de clase y nacionales, que se expresan y pugnan en toda crisis global sin solución a la vista. No sería extraño que ésta acabe pariendo un fascismo, o varios, de nuevo tipo. Las causas de esta evolución son nuevamente la impotencia de la dirigencia tradicional ante la crisis; la competencia intercapitalista; la corrupción, el desorden y la violencia generalizados; el desempleo y la pobreza, que agravan los desesperados del resto del mundo que atraviesan las fronteras.
*Periodista y escritor.

Realineamientos Internacionales

Excelente artículo del corresponsal de Página 12 en Brasilia, Darío Pignotti, titulado Brasil se aleja de EEUU, sobre la pérdida de influencia norteamericana en Brasil.

Las ediciones electrónicas de The Wall Street Journal y The Financial Times dedicarán mañana una cobertura agitada, recogiendo repercusiones minuto a minuto sobre la subasta que se realizará en Brasil por el campo petrolero Libra, que ocupa 1500 km2, está dotado de unos 12.000 millones de barriles alojados en aguas ultraprofundas situadas a 183 kilómetros del estado de Río de Janeiro y será capaz de producir, dentro de algunos años, 1,4 millones de barriles por día, volumen equivalente al 70 por ciento de todo lo generado hoy en el país.
Petrobras y tres petroleras chinas (no se descarta la formación de un consorcio chino-brasileño a última hora) figuran entre las once compañías que participarán en la disputa por Libra, en la que estarán ausentes las “grandes hermanas” norteamericanas debido a estrés diplomático surgido entre Brasilia y Washington, luego del destape del espionaje perpetrado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) contra Petrobras y la presidenta Dilma Rousseff, entre otros blancos sensibles.
Por debajo de las noticias en tiempo real que nos sofocarán el lunes a base de índices bursátiles y brokers con sus opiniones de corto plazo, subyace una historia transcurrida en los últimos años cuyo repaso permitirá comprender lo que está en juego: una reacomodación de fuerzas en la geopolítica del petróleo.
Celso Amorim era canciller, en julio de 2008, cuando recibió una llamada de su colega norteamericana Condoleezza Rice sugiriéndole recibir sin alarma la reactivación de la IV Flota bajo jurisdicción del Comando Sur, anunciada pocos meses después del descubrimiento, en 2007, de grandiosas reservas de hidrocarburos en las cuencas de Campos y Santos, localizadas en el litoral de Río de Janeiro y San Pablo.
Ni el canciller Amorim ni su jefe, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tomaron en serio la retórica tranquilizadora de la funcionaria de George W. Bush. Antes bien lo contrario, hubo alarma en el Palacio del Planalto. Lula, Amorim y la entonces ministra Dilma Rousseff, que comenzaba a perfilarse como candidata presidencial, comprendieron que el paso de la US Navy por las costas cariocas sería una ostentación de poderío militar sobre los 50.000 millones de barriles de crudo de buena calidad alojados a más de 5000 metros de profundidad, en una zona geológica conocida como “presal”.
Más allá de los cuestionamientos en foros internacionales, especialmente latinoamericanos, fue poco lo que el Palacio del Planalto pudo hacer de inmediato contra la supremacía militar de Estados Unidos y su decisión de que la IV Flota, brazo armado de las petroleras de bandera norteamericana Exxon y Chevron en el Hemisferio, ponga proa hacia el sur.
Lula y su consejera sobre energía, Dilma, se vieron ante un dilema: o adoptar una salida a la mexicana, como la del actual presidente Enrique Peña Nieto, que mostró su disposición a privatizar Pemex, aunque el término empleado sea “modernización”, o inyectar dinero y mística nacionalista para robustecer a Petrobras como vector de una estrategia destinada a salvaguardar la soberanía energética. Finalmente, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) optó por la segunda vía y la instrumentó con una batería de medidas de amplio espectro.
Capitalizó Petrobras para revertir el vaciamiento heredado de la gestión del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y logró aprobar a fines de 2010 una ley petrolera “estatizante e intervencionista”, de acuerdo con la interpretación dada por políticos de extracción neoliberal y el lobby británico-estadounidense, parecer amplificado por las empresas de noticias locales.
Resucitó el proyecto de construir un submarino atómico con Francia, con quien firmó en 2009 un acuerdo militar (que avanzó menos de lo prometido); demandó ante organismos internacionales la extensión de la plataforma marina con el propósito de que nadie dispute la titularidad de las cuencas petroleras y promovió el Consejo de Defensa de Unasur, con el apoyo de Argentina y Venezuela y el ninguneo de Colombia.
Como brazo auxiliar de esa línea de acción gubernamental operó el PT a través de su perseverante aproximación con el Partido Comunista Chino, antesala para establecer lazos de confianza política con la nomenclatura del Estado asiático, con cuyo Banco de Desarrollo finalmente firmaría en 2010 una serie de preacuerdos para la concesión de préstamos por decenas de miles de millones de dólares a Petrobras.
Paralelamente a los movimientos brasileños en salvaguarda de su interés nacional y para hacerse de un lugar entre las potencias petroleras, la agencia estadounidense NSA robaba informaciones estratégicas del Ministerio de Minas y Energía y los diplomáticos destacados en Brasilia enviaban telegramas secretos a Washington tipificando al canciller Amorim como un diplomático “antinorteamericano”.
Tres meses atrás, cuando Dilma Rousseff tomó conocimiento de las primeras noticias sobre las maniobras de la NSA, una fuente del Planalto dijo a Página/12 que la presidenta evitaría “radicalizar” la situación pues confiaba en una conciliación con Estados Unidos, a donde planeaba viajar para una visita oficial el 23 de octubre. Pero la posición de Dilma se hizo irreductible en septiembre al saber que los espías habían violado hasta las comunicaciones de Petrobras.
La decisión de suspender la visita de Estado a Washington, pese a que Barack Obama renovó su invitación personalmente, no debe ser confundida como algo gestual, porque sus consecuencias afectaron decisiones vitales.
Que no haya ninguna petrolera norteamericana en el lance de mañana por el megacampo de Libra y sí tres poderosas empresas chinas, de las cuales dos son estatales, indica que la colisión diplomática tuvo una repercusión práctica.
Que fuentes cercanas al gobierno hayan dejado trascender la posible formación de un consorcio entre Petrobras y alguna empresa china, revela que la geopolítica petrolera de Brasilia se inclina hacia Beijing, que además es su primer socio comercial. Y si lo anterior no bastara para describir el distanciamiento estratégico entre el Planalto y la Casa Blanca, la semana pasada el indigesto (para Washington) ministro Celso Amorim, ahora a cargo de Defensa, inició conversaciones con Rusia para analizar la compra de cazabombarderos Sukoi.
Fue solo un sondeo, pero si esa compra se formaliza será un revés considerable para la corporación industrial-militar norteamericana que imaginaba vender sus cazas Super Hornet a Brasil, durante la visita que Dilma no hará.