lunes, 14 de octubre de 2013

Las derechas dicen presente

Son fenómenos diversos, para nada homogéneos en materia de ideas, pero son cambios muy significativos en las políticas de países centrales y que invitan a repensar la cuestión de las nuevas ideologías, ya que en los países que se citan a continuación se mezclan caracteres tradicionalmente atribuibles a la derecha, como el rechazo a los inmigrantes o la cuestión fiscal o el orden público, con las prédica en favor de las libertades individuales, la insurgencia o los socialismos, naturalmente inclinados a la izquierda.
Da para un análisis mucho más profundo, pero que preferimos no arrebatar a la reflexión.+)

Brasil, tras las protestas
Esta es la verdadera consecuencia de las protestas que inundaron las calles del Brasil hace pocos meses.+)

Giro de Marina Silva en Brasil: se afilió al partido socialista


Con su decisión, la líder ecologista podría complicar la reelección de Dilma
Por   | LA NACION

RÍO DE JANEIRO.- La oposición política de Brasil complicó ayer aún más las posibilidades de reelección de Dilma Rousseff en 2014.
Después de la decisión del Tribunal Superior Electoral (TSE) de no permitir el registro de su emergente partido, la ecologista Marina Silva, segunda en las encuestas después de la mandataria, anunció su afiliación al Partido Socialista Brasileño (PSB), y dejó abierta la posibilidad de convertirse en compañera de fórmula de su candidato presidencial, el ascendente gobernador Eduardo Campos.
"Nuestro objetivo no es estar en el poder, sino que el poder sirva como herramienta para poder hacer transformaciones. La victoria o la derrota sólo son medidas en la historia. Se apura quien cree que una derrota se da de un plumazo. Si no es posible un nuevo camino, hay que aprender una nueva manera de caminar", explicó Silva, ex senadora y ex ministra de Medio Ambiente durante el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva.
En las elecciones de 2010, la ecologista sorprendió al lograr casi el 20% de los votos como candidata presidencial del pequeño Partido Verde. Luego se separó de la agrupación e intentó formar su propio partido, la Red Sustentabilidad. Pero el jueves pasado el TSE consideró inválidas miles de firmas de apoyo que eran necesarias para registrar la nueva fuerza política.
Tanto dentro como fuera de la Red, se cuestionó la decisión de Silva, en la que muchos consideraron que jugó un papel fundamental la influencia detrás de escena del oficialista Partido de los Trabajadores (PT).
"Mi lucha en este momento no es para ser presidenta. Es contra el PT y el chavismo que se instaló en Brasil", resaltó Silva.
Los analistas coincidían en que ella era quien más chances tenía de obligar a Rousseff a disputar un segundo turno electoral en los comicios del año próximo.
La última encuesta de Ibope, la semana pasada, le otorgaba a la presidenta el 38% de las intenciones de voto, seguida por Silva, con el 16%; el senador Aécio Neves (del opositor Partido Social Demócrata Brasileño, PSDB), y finalmente el candidato del PSB, Eduardo Campos, gobernador del estado de Pernambuco y hasta hace un par de semanas integrante de la coalición gubernamental.
Tras la decisión del TSE, varios partidos menores ofrecieron a Silva su plataforma para seguir en la carrera presidencial, pero ayer la respetada ecologista anunció su alianza con Campos. "No estoy aquí para pelear la candidatura, sino para presentar junto contigo [Campos] un programa para la sociedad brasileña, que sea capaz de alinearla históricamente y sepulte de una vez la vieja república", dijo Silva, que es vista como una figura éticamente intachable.
Ante las preguntas de los medios, la ecologista aclaró que todavía no debatieron qué lugar ocupará en el PSB, pero no descartó que pueda ser candidata a vicepresidenta de Campos. Ésa será una decisión para 2014, y seguramente quedará sujeta a las mediciones de las encuestas de intención de voto.

La fiebre del Tea Party no amaina entre las bases más conservadoras

La Cumbre Anual de Valores de los Votantes se considera un termómetro del conservadurismo en EE UU

 Washington 13 OCT 2013 - EL PAIS, ESPAÑA

James Pyke es un estudiante de postgrado de la universidad de Maryland extremadamente preocupado por la dirección que está tomando Estados Unidos en materia de libertades individuales. Robert y Rosemary Schuler son una pareja jubilada que cree en la necesidad de una nación más fuerte asentada en los principios que se recogen en la Constitución que “les fue otorgada por Dios hace más de 200 años”. Dee Wampler es un empresario interesado en preservar la “verdadera historia americana fundada en el cristianismo” y que, sostiene, últimamente “se está diluyendo en aras de lo políticamente correcto”. Carla D’Addesin acaba de publicar un libro para enseñar a los “futuros votantes entre cinco y 10 años” la importancia de proteger el derecho a la vida ya que, sostiene que a sus hijos "les están enseñando que el aborto es bueno y no hay nadie que les eduque en los valores de Dios”.
Pyke, los Schuler, Wampler o D’Addesin forman parte del centenar de personas que este fin de semana se han dado cita en Washington apara asistir a la Cumbre Anual de Valores de los Votantes que cada año organizan súper PAC y organizaciones ultraconservadoras que defienden, principalmente, la libertad religiosa, el matrimonio tradicional o el derecho a la vida. El objetivo de este foro sobre la fe y los valores es analizar cómo esos principios afectan a la política en todos sus extremos, económico, social, de seguridad nacional… En él se dan cita políticos republicanos, periodistas neoliberales y activistas. Pyke, los Schuler, Wampler o D’Addesin sienten que sus principios están siendo amenazados en la América de hoy en día y esa sensación de cerco intolerable es lo primero que se percibe en el ánimo de los asistentes a la reunión de este fin de semana.
El objetivo de este foro sobre la fe y los valores es analizar cómo esos principios afectan a la política en todos sus extremos, económico, social, de seguridad nacional…
La cumbre se considera un termómetro sobre el estado del conservadurismo de la nación y este año en el recinto se ha propagado la fiebre del Tea Party. “Es el único que defiende realmente los verdaderos principios en los que se ha fundado esta nación”, aseguran los Schuler. A los asistentes no parece importarles que, tras la pérdida de las elecciones en 2012, el Partido Republicano decidiera alejarse de las posiciones extremistas que abandera el Tea Party para atraer a las minorías. La sensación de derrota que recorrió las filas del ala más reaccionaria de los conservadores hace unos meses parece hoy completamente enterrada.
“Nunca ha perdido fuelle. Los valores del Tea Party son los valores eminentemente americanos y se está demostrando estos días, son sus miembros los que han desafiado al resto de su partido y a la Casa Blanca para acabar con la Obamacare”, insisten los Schuler, en referencia a los acontecimientos que han precipitado el cierre de la Administración en EE UU, por la negativa de los republicanos de la Cámara de Representantes a financiar el Gobierno si no se prorrogaba un año la entrada en vigor de parte de la reforma sanitaria.  El fervor de los Schumer es compartido por la mayor parte de los asistentes, la mayoría blancos y de mediana edad, que se pasean absortos entre losstands que se suceden a la entrada del salón de conferencias.
E.S.E.
Los puestos son de lo más variopinto:universidades ultracatólicas que buscan captar alumnos; agrupaciones que reclutan a estudiantes universitarios para que propaguen por los campus los principios provida; organizaciones que ofrecen ayuda para curar la homosexualidad, con varios exgais repartiendo pegatinas para probarlo; editoriales de libros para abandonar el ateísmo; empresas que ofrecen servicios de telefonía e internet para propagar el Evangelio,tours a los “enclaves cristianos de América”, o servicios para comprobar en qué invierten las compañías –campañas a favor del aborto, del matrimonio homosexual…- para que los inversores sepan realmente a dónde se destina su dinero; o voluntarios que asesoran a qué candidato votar en las elecciones a gobernador de Virginia –ningún consejo se decanta a favor del candidato demócrata-…
Entre la explosión de telas blancas, rojas y azules que recubren las paredes y las mesas de los puestos, se asoma la cara de Ronald Reagan, las pegatinas en contra de la reforma sanitaria de Obama y en contra del propio Obama o los formularios para hacer un donativo a favor de candidatos o de las organizaciones que patrocinan el evento.
Pese a la variedad, la oferta es mucho más reducida que el año pasado. En plena campaña electoral, los puestos a favor de la candidatura republicana y de la familia tradicional y en contra de la reforma sanitaria de Obama eran mucho más numerosos. Entonces, el aspirante a la vicepresidencia, Paul Ryan, fue la estrella de la cumbre, este año sólo ha estado presente a través de una grabación de menos de quince minutos.
El fervor y los aplausos los ha acaparado en esta ocasión el senador Ted Cruz, que en estos días se ha erigido en la cara más beligerante del Partido Republicano, y cuyo discurso del viernes, populista y plagado de llamadas para acabar con la Obamacare, ha convencido al 42% de los asistentes, que lo han elegido el mejor político de todos los participantes. Un pequeño triunfo, ya que entre los oradores se encontraban otros dos favoritos del Tea Party y cabezas de serie para la candidatura a la Casa Blanca en 2016, los senadores Rand Paul yMarco Rubio.
Nunca ha perdido fuelle. Los valores del Tea Party son los valores eminentemente americanos y se está demostrando estos días, son sus miembros los que han desafiado al resto de su partido y a la Casa Blanca para acabar con la Obamacare"
“Puedes estar de acuerdo con Cruz o no, pero tiene el coraje de defender sus convicciones, y el hecho de que lo haga públicamente lo convierte en un caballero. Está abierto a un diálogo abierto y honesto”, asegura Jackie Spedding mientras sale del salón de conferencias donde acaba de terminar una ponencia sobre la “Erosión de la libertad religiosa en el Ejército”. Allí, el capellán Ron Crews había señalado directamente a la Casa Blanca como responsable de la “agenda para sacar la gritos de entusiasmo por parte de unos asistentes dispuestos a aplaudir cualquier referencia negativa a las políticas del actual presidente.
La Casa Blanca y, por extensión, el Gobierno federal, son los responsables, para la mayoría de los asistentes, de todas las amenazas a los valores tradicionales y principios que ellos consideran inapelables. “El tamaño de la Administración cada vez es más grande, nos están tratando de intimidar para que nos mantengamos callados y desistamos de actuar a favor nuestros principios”, denuncia Andrew Beckwith, un empresario que se define como “defensor del matrimonio tradicional, las libertades religiosas y el derecho a la vida de todos los americanos, incluidos los nonatos”.
Cuando se pregunta por casos concretos en los que esas libertades fundamentales están siendo atacadas, es más difícil encontrar respuestas claras y coincidentes. La unanimidad, sin embargo, regresa a la hora de señalar quién puede solucionar el problema: El Tea Party.
Si en 2012 los discursos se centraron en la creación de empleo, la merma de las libertades, y en especial la religiosa, parece ser lo que más preocupa a los asistentes a la reunión de este año. El propio Paul en su discurso aseguró que “los cristianos están siendo atacados en todo el mundo” pero que “no escuchamos mucho de ello en las noticias porque no es acorde con la narrativa que nos han contado sobre el radicalismo islámico”.
El fervor y los aplausos los ha acaparado en esta ocasión el senador Ted Cruz, que en estos días se ha erigido en la cara más beligerante del Partido Republicano
La intervención de Paul, sin embargo, no cautivó a quienes lo escucharon. “No estuvo mal, pero hubo oradores mejores”, dice Pyke. “Si venía a posicionarse como aspirante a la Casa Blanca, creo que deberá esforzarse más de aquí en adelante”. A Pyke, como a muchos de los asistentes, quien más le ha convencido es el doctor Ben Carson –de hecho quedó segundo en la encuesta que ganó Cruz, un voto por delante delexcandidato republicano Rick Santorum-. Carson es un cirujano afroamericano, antiguo senador estatal de Pensilvania. “Él es el único capaz de terminar con la brecha que separa a los estadounidenses”, señala Vernon Robinson, jefe de la campaña de la súper PAC Run Ben Run, para impusar la candidatura de Carson a la presidencia.
Robinson lleva en la solapa una pegatina con el lema: El aborto no es reforma sanitaria. Nadie pone en duda esa afirmación en la Cumbre de Valores de los Votantes. Como tampoco nadie cuestiona que la responsabilidad de esa polarización política, así como del actual cierre del Gobierno no sea exclusivamente de la Casa Blanca. De hecho, el problema de la parálisis de la Administración apenas se ha abordado en el encuentro, más allá de las referencias de Cruz y de su compañero de bancada Mike Lee o de la intervención grabada de Ryan. Las preocupaciones de las bases más conservadoras del Partido Republicano son otras.
LA EXTREMA DERECHA DEL FRENTE NACIONAL ESTA A LAS PUERTAS DE CONVERTIRSE EN EL PRIMER PARTIDO DEL PAIS

Avanza la Francia xenófoba y populista

Los ultras reciclaron un viejo discurso en los miedos de la modernidad, el racismo y las proclamas antisistema en un terreno fértil: ajuste, desempleo e inmigración. Por primera vez, aparecen en el primer puesto de un sondeo a escala nacional.
Por Eduardo Febbro
Desde París
Los populismos de antaño están de moda. El candidato del partido de extrema derecha Frente Nacional (FN), Laurent Lopez, puso una medalla más en el tablero de esta corriente política: Lopez se impuso en las elecciones cantonales celebradas en la localidad de Brignoles, en el sureste de Francia. El FN derrotó a un frente republicano liderado por una candidata del partido conservador UMP. Esta victoria es un escalón más hacia una conquista que puede ser mucho mayor. Con un discurso viejo pero exitosamente reciclado en los miedos de la modernidad, el racismo y las proclamas antisistema, la extrema derecha francesa está en la frontera de convertirse en el primer partido de Francia, por encima de los llamados partidos de gobierno, el Partido Socialista y la conservadora UMP fundada por el ex presidente Nicolas Sarkozy. Hace cerca de 30 años, en 1984, el Frente Nacional irrumpió como un latigazo en la escena política francesa luego de obtener 10,95 por ciento de los votos en las elecciones europeas de ese año. Fue una hecatombe. Sin embargo, desde ese momento, su ascenso ha sido una curva ascendente: según una encuesta de opinión publicada por el semanario Le Nouvel Observateur, el Frente Nacional obtendría hoy 24 por ciento de los votos en las mismas elecciones. El FN se ubica así dos puntos por encima de la derechista UMP y cinco puntos arriba del gobernante Partido Socialista.
La encuesta excede en mucho la anécdota momentánea, porque su resultado marca un hito: es la primera vez en la historia que la extrema derecha aparece en el primer puesto de un sondeo a escala nacional. Las perspectivas de los ultras son tanto más alentadoras a medida que el horizonte electoral se acerca: a partir de marzo del año que viene se llevarán a cabo las elecciones municipales y europeas. No hay fórmula mágica: la extrema derecha, hoy liderada por la hija de su fundador, Marine Le Pen, terminará por completar en esas dos consultas su arraigo en todo el espectro del electorado nacional. Los analistas franceses llevan tres décadas equivocándose en la manera en cómo sitúan a la extrema derecha: fenómeno pasajero, voto sanción, crisis de la representatividad, desconfianza coyuntural, abandono de los sectores populares por parte de las grandes formaciones políticas, anti-europeísmo.
La lista de argumentos nunca ha acertado con la explicación global. El Frente Nacional ha dejado de ser el partido de una minoría para convertirse en el partido de todos: jóvenes, obreros, votantes comunistas, electores oriundos de la derecha clásica, del Partido Socialista, ejecutivos y agricultores. La época en la que sólo los fachos votaban por él pertenece al ámbito de las anécdotas. Sus ideas racistas se han banalizado en una Francia rica, donde se vive con un confort casi inigualado, donde las vacaciones son extensas, los derechos infinitos, el Estado: un protector consecuente, la educación gratuita, la salud subvencionada por el Estado y el seguro de desempleo un beneficio global. Como lo señalan en el brillante ensayo El misterio francés Emmanuel Todd y Hervé Le Bras, hay como dos Francias, una optimista y otra depresiva. La que vota por el FN es la depresiva, la miedosa. La banalización de las ideas de la extrema derecha le debe mucho también al comportamiento de los líderes de la derecha. Con tal de disputarle los votos, no dudan en hacer suyas las ideas, las arremetidas contra los extranjeros y los insultos de tono alto y baja calaña contra los inmigrantes. El PS tampoco se queda atrás: inmigración, seguridad y delincuencia ocupan hoy el vocabulario político nacional de manera recurrente. La agenda del FN se volvió con los años la agenda nacional. La arremetida violenta contra los gitanos, protagonizada por el actual ministro de Interior, Manuel Valls, no difiere en mucho de las incursiones verbales de la derecha.
“La probabilidad de que se vote por el Frente Nacional aumenta con el nivel de desigualdades”, observa Joël Gombin, politólogo y especialista de la extrema derecha. Ninguna fuerza política de oposición ha sido capaz de contrarrestar su influencia: ni los ecologistas, eternamente enredados en sus disputas adolescentes, ni la izquierda de la representada por Jean Luc Mélenchon. De manera engañosa, frente al consenso dirigente generalizado, el Frente Nacional aparece como la única alternativa verosímil de ruptura radical. Su plataforma ideológica es invariable: racista, anti-élites, antiglobalización, ultranacionalista y anti-europea. El cóctel funcionó como un canto de sirenas en una sociedad llena de miedos: a los árabes, a los africanos, a Europa, a los bancos, a los gitanos, a la velocidad del mundo, a la bolsa de valores, a la noche o a cualquier otra cosa imaginaria capaz de encarnar el miedo. En ese contexto donde todo lo “otro” infunde miedo, el leitmotiv de la extrema derecha, “la prioridad nacional”, suena como un código completo para conjurar los miedos y la crisis: Francia para Francia y los franceses. El politólogo y especialista de la extrema derecha Jean-Yves Camus comenta en las páginas del matutino Libération que “la prioridad nacional es la espina dorsal que estructura el programa del Frente Nacional”. Según Camus, “el Frente Nacional es Francia y sólo Francia en tres niveles de identidad para los individuos: local, nacional y de civilización”.
Desde que asumió la dirección del partido hace tres años, Marine Le Pen logró también desdiabolizar al movimiento e inscribirlo en la cotidianidad del sistema político. Ya nadie se escandaliza con sus discursos ni rehúsa participar en un debate televisivo como solía ocurrir con su padre, Jean Marie Le Pen. La heredera consiguió triplicar el número de militantes (70.000), diluir la imagen salvaje y violenta que rodeaba al partido y situarse por encima de los partidos tradicionales. Marine Le Pen emprendió otra batalla: rehúsa que el Frente Nacional sea catalogado como un partido de extrema derecha y suele arremeter contra la prensa y amenazar con procesos judiciales cuando alguien lo cataloga de esa manera. Su respuesta consiste en decir: no somos ni de izquierda ni de derecha, somos el partido del pueblo. “Del pueblo” quiere decir aquí contra las élites. Populista hasta la caricatura, la extrema derecha modernizada propone limitar los derechos sociales exclusivamente para los franceses, retrata una Francia en decadencia bajo el peso de la inmigración y el islam y fusila a las élites dirigentes. Con ese trío, consigue izarse allí donde nadie lo imaginaba. Emmanuel Todd resalta que el Frente Nacional “juega en dos casillas al designar a dos amigos: el enemigo de clase, la gente de arriba, los ricos, los poderosos, y un enemigo étnico, de abajo”. El auge de la extrema derecha es el síntoma de un gran desarreglo donde el debate sobre seguridad e inmigración pesa más que los temas trascendentes, donde los dirigentes corren asustados detrás de los electores de la ultra derecha imitando a sus líderes, donde el modelo económico europeo es de una austeridad de tumba, donde las políticas económicas no tienen distinción aunque gobierne la derecha o la social democracia. El terreno es fértil: recesión, austeridad, inmigración, desempleo, manoseos o dudas sobre la identidad. La sinfonía ultranacionalista recién empieza a interpretar la marcha de su retorno triunfante.

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