sábado, 11 de enero de 2014

También en Brasil cambia el rol castrense

Inseguridad en Brasil: Dilma Rousseff quiere que los militares custodien el Mundial

POR ELEONORA GOSMAN, Clarín.com

Así lo planteó durante una reunión con parte de su gabinete. Sostiene que durante el evento habrá mandatarios extranjeros en el país. Y se teme por marchas violentas. Es además, un año electoral.








Preocupación. La presidenta de Brasil quien este año del Campeonato Mundial de Fútbol, intentará renovar su mandato en las elecciones de octubre. / AP

SAN PABLO. CORRESPONSAL - 11/01/14

La presidenta brasileña Dilma Rousseff inició el año 2014 con más sombras que luces sobre su gestión. El impacto internacional de la espiral de violencia vivida en el Estado de Maranhao por los sucesos en las cárceles, y las vandálicas decapitaciones practicadas contra detenidos en uno de los presidios de la capital San Luis, volvieron a colocar en el escenario los problemas de seguridad durante la Copa del Mundo, para la que faltan apenas 152 días.

Así lo planteó en una reunión que mantuvo a mediados de la semana con los ministros que intervienen en forma directa en los asuntos del Mundial y cuyo contenido trascendió ahora. A ellos les dijo que la seguridad “no puede tener fallas”, porque al mega acontecimiento deportivo asistirán “varios jefes de Estado”.

Durante ese encuentro con parte de su gabinete, donde estuvo el ministro de Defensa Celso Amorim, Dilma sostuvo que deberá implementarse la integración de las distintas policías estaduales, con la Fuerza Nacional y la participación de las Fuerzas Armadas.

Uno de los objetivos es monitorear de cerca las manifestaciones populares que pueden ocurrir en el entorno de los estadios, no tanto por las protestas pacíficas como por los focos de violencia que pueden derivar de esas marchas atento a lo discutido que ha sido en las calles este mundial.

La inclusión del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, en la arquitectura del sistema de seguridad para el Mundial ya se había empezado a probar el año pasado, durante la Copa de Confederaciones. Estas fuerzas tuvieron un papel relevante en la logística y coordinación de las acciones de represión.

La presidenta Rousseff, que en octubre próximo jugará su propia reelección, acompañó “con atención la crisis de seguridad en Maranhao”, según ella misma admitió. De hecho, la sangrienta orgía de unas bandas de presos que filmaron el degüello de sus adversarios, tuvieron un fuerte impacto nacional (y en el exterior). Si estos episodios se llegaran a repetir en otras partes de Brasil antes del Mundial significarán una fuerte mella en la imagen de la capacidad organizativa de la presidenta y de su gobierno.

El problema que enfrenta Dilma es que, por tratarse de un año electoral, no puede perjudicar los intereses de sus aliados. Y entre ellos se encuentra precisamente la gobernadora maranhense Roseana Sarney, hija del ex presidente y actual senador José Sarney. Para atacar el problema sin provocar la enemistad de la familia Sarney, que la apoya en su proyecto de reelección, la presidenta Rousseff envió a Maranhao, antes de ayer, a su ministro de Justicia José Eduardo Cardozo, con un plan para la emergencia.

Según relató el diario O Globo, en la cita de Dilma con sus ministros, nueve en total, ella repasó los principales problemas que pueden conspirar contra el éxito en la realización de la Copa de la FIFA. A comienzos de la semana, hubo un entredicho entre la presidenta brasileña y los líderes de la Federación Internacional del Fútbol. Fue luego que trascendieran las quejas de Joseph Blatter, en las que el titular de la organización subrayó las demoras del gobierno para contener el impacto de las movilizaciones durante los días de juego de la Copa de Confederaciones.

Ante un diario suizo, Blatter había sostenido también que nunca había visto tanto atraso en las obras, en las otras ediciones del Mundial. Ante esas apreciaciones, Dilma se apresuró a responder que en 2014 Brasil hará “la Copa de las Copas”.

Entre los puntos débiles de la Copa no sólo están los atrasos en los estadios, entre ellos el de San Pablo que debe ser inaugurado recién en abril, apenas dos meses antes del inicio del Mundial. También hay demoras en obras claves de los aeropuertos internacionales, como el de Guarulhos; en la infraestructura hotelera, en obras viales y de transporte público.

Dilma decidió reunirse en forma permanente con los nueve ministros y convocará también a los gobernadores de los 12 Estados brasileños que deben ser sede del gran evento. Las comunicaciones, especialmente la internet y el servicio de telefonía celular, ofrece otro flanco complicado. Dilma advirtió a sus colaboradores que si se fracasara en ese rubro se comprometería la imagen brasileña. Así lo sugirió el diario O Globo, en su edición del jueves. La respuesta a estas dificultades depende, en parte, de las empresas prestadoras de estos servicios.

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