lunes, 3 de febrero de 2014

Como ésta, debe haber varias...

Desde el gobierno le pidieron a Moyano que atenúe las críticas a Cristina. A cambio, el camionero quiere la cabeza de Boudou.
El encuentro fue el viernes 24 de enero de este año. Sus protagonistas son personajes harto relevantes de la escena política local y nacional: se trata del titular de la CGT opositora, Hugo Moyano; el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez; y el operador del PJ Juan Carlos “Chueco” Mazzón.
No fue en Mendoza, sino en Buenos Aires, y el motivo fue claro y preciso: pedirle al líder camionero una especie de tregua para con Cristina Kirchner. Que modere sus críticas, al menos por algunas semanas.
En un gesto que sorprendió a los presentes, Moyano consintió atenuar sus arengas contra la presidenta de la Nación. Eso sí, a cambio pidió que le fuera entregada la cabeza del vicepresidente Amado Boudou.
El encuentro empezó como rumor, pero luego fue confirmado por una fuente oficial a MDZ. El mismo informante dio un detalle crucial al respecto: “Domínguez le dijo a Moyano que no podía garantizar que Boudou renunciara, pero que le diera dos semanas para ver qué se podía hacer”.
Mientras los detalles de este encuentro comienzan a hacerse visible recién en estas horas, el vicepresidente está a punto de enfrentar uno de los momentos más complicados de su carrera pública.
El juez Ariel Lijo, junto al fiscal Carlos Rívolo, tiene pensado una serie de medidas en dos causas judiciales que ya mismo lo tienen en jaque. Uno es el expediente Ciccone;  el otro el que indaga en su eventual enriquecimiento ilícito.
Hasta ahora, todas las medidas de prueba lo han complicado, y nada hace prever que su suerte cambie en el futuro próximo.
Por lo pronto, Boudou ha comenzado a exteriorizar su desagrado por el hecho de sentirse desplazado del poder. Se siente aislado y traicionado por puntuales funcionarios que, en sentido inverso a su suerte, han crecido dentro del gabinete cristinista.
Ciertamente, la realidad parece ser otra: con un país en llamas por el dólar, la inflación y otros tópicos coyunturales, nadie en el gobierno parece interesado en ocuparse de la situación judicial de un vicepresidente que no para de sumar problemas de diversa índole.

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