jueves, 14 de agosto de 2014

 

Trágedia Política en Brasil

La muerte de Campos obliga a cambiar estrategias para las presidenciales en Brasil

POR THIAGO DE ARAGAO. Especial para BAE Negocios 14/08/2014

El accidente aéreo en el que murió el candidato presidencial y ex gobernador de Pernambuco Eduardo Campos no sólo cobró su vida sino que derrumbó la construcción de un sueño de una de las familias políticas más tradicionales de Brasil. Nieto de Miguel Arraes, ex gobernador de Pernambuco en los años ’80 y fuerte opositor al régimen militar, Eduardo Campos fue educado para ser el presidente que nunca será. Su capacidad política aún era conocida por unos pocos a nivel nacional, pero poseía miles, si no millones, de seguidores en la región nordeste de Brasil.

Eduardo Campos, el fallecido candidato presidencial y ex gobernador de Pernambuco.

El éxito de su gobierno en el estado de Pernambuco catapultó la condición de semimito local y trascendió las fronteras de los estados del nordeste.
Líder indiscutible del Partido Socialista Brasileño, Eduardo Campos fue una pieza clave en el gobierno de Lula en la década de 2000, llegando a ser ministro de Ciencia y Tecnología en 2005.
Con el surgimiento de Dilma Rousseff como sucesora de Lula, Eduardo Campos –que tenía una gran admiración por el estilo de la presidenta Dilma– se alejó del gobierno e inició un camino de oposición. Esta oposición, sin embargo, no era emocional, pero aprovechó el conocimiento de los éxitos del gobierno de Lula para dar ataques quirúrgicos contra las equivocaciones cometidas por la presidenta Dilma.
La decisión de lanzar la candidatura presidencial no fue sólo un deseo personal para ocupar el más alto cargo político en el país, sino también como la expresión de la necesidad de independencia del PSB en busca de protagonismo a pesar de ser una fuerza media en la gran escena política brasileña.
Su candidatura llenó de dudas e incertidumbre y generó una situación complicada con el ex presidente Lula, un amigo personal que nutría la esperanza de ver a Eduardo como sucesor de Dilma Rousseff en 2018.
Su campaña se basó en exponer los errores y caminos equivocados tomadas por la campaña de Rousseff, pero sin atacar el legado del ex presidente Lula. Y cada crítica la acompañó con propuestas.
Su capacidad de crecer era muy grande a pesar de tener 8% de los votos en las últimas encuestas. El equipo de campaña tenía puestas las esperanzas en los avisos de televisión que empezaban la próxima semana y hasta se ilusionaban con la posibilidad de ingresar en una segunda ronda electoral.
El candidato que no gane este año sería el gran favorito para las presidenciales de 2018. Por eso, su candidatura no era sólo una prueba sino la presentación nacional y la demostración del poder que había conquistado en gran parte del nordeste.
Con sólo 49 años de edad y padre de cinco hijos, Eduardo aspiraba a obtener entre 18% y 20% con la confianza de que de los actuales líderes políticos era el único que tenía el potencial de crecer de forma exponencial en los próximos cuatro años.
Una presidencia de Eduardo iba a tener un fuerte sesgo social y a la vez una característica más amistosa con los empresarios.
Eduardo creía en el Mercosur, pero no en la forma en que había estado trabajando. Planteaba que Brasil necesita a Argentina tanto como Argentina necesita de Brasil.

DINÁMICA ELECTORAL
La trágica muerte de Eduardo Campos no es sólo una pérdida política y humana para Brasil sino que tiene una incidencia muy alta en el resultado de las próximas elecciones, aunque las últimas encuestas sólo le adjudicaban un 8% en la intención de voto.
Las mismas encuestas daban una proyección de crecimiento hasta 15% a 20%, capturando votos tanto de la presidenta Dilma Rousseff como de su principal desafiante, Aecio Neves, aumentando las posibilidades de una eventual segunda vuelta electoral.
Marina Silva, compañera de fórmula de Eduardo Campos, fue candidata a la presidencia de la República en 2010. En ese momento Marina fue capaz de recibir 20 millones de votos casi poniendo en tela de juicio la elección de Dilma Rousseff.
Sin embargo, en los cuatro años siguientes Marina se quedó dormida y no surgió como una figura importante en el escenario político brasileño.
La posibilidad de que asuma la candidatura presidencial en lugar de Campos puede rescatar parte del éxito que logró en 2010 y cambiar un poco el balance de la campaña.
Para Dilma, la obligación es ganar en la primera ronda. Sabe que si la disputa va a la segunda ronda, donde las condiciones de propaganda electoral en la televisión son idénticas entre los candidatos, su victoria pueda verse gravemente amenazada. Toda su estrategia se basa en el esfuerzo de ganar la primera ronda. Con Marina en disputa, que lograría un número de votos superior al que potencialmente tenía Eduardo, el escenario de la segunda vuelta es más factible. En ese momento, los votos de Marina harán una gran diferencia para definir entre Dilma o Aecio.
Además, una campaña que hasta el momento tiene un fuerte componente pragmático, a partir de ahora incorpora uno emocional importante. En un entorno económico desfavorable, Dilma también tiene limitaciones para llegar emocionalmente al votante. En cambio Aecio Neves comparte con Eduardo la juventud y puede tener incidencia para atraer los votos que en la actualidad permanecen indecisos.
La ley 9.504 otorga diez días para el luto y las negociaciones políticas que permitan establecer la nueva fórmula. El hecho de que el corazón de Marina está con su partido, la REDE, puede ser un obstáculo para que el PSB la sostenga como candidata.
Queda la pregunta acerca de la capacidad de transferencia de votos de Marina, que deberá ser resuelto una semana después del inicio de la propaganda electoral gratuita. Campos fue la garantía de contención ideológica. Se cree que Marina tendrá dificultades para ser asimilada por el PSB, que con sus aliados de la REDE tienen fuertes desacuerdos. Su elección fue una decisión personal de Campos y el PSB no tiene un liderazgo natural a nivel nacional con la expresión política equivalente a Marina. La tragedia puso el PSB en sus manos.
No se descarta que la sustitución de Campos pueda ser otra persona, pero un análisis de nombres disponibles no alienta esta idea. Roberto Amaral, quien asumió la presidencia; Renato Casagrande, secretario general; Carlos Barros, Márcio Francia (candidato al Senado en coalición con Alckmin del PSDB) y Beto Albuquerque, líder del PSB en la Cámara, son parte de la burocracia del partido, pero no candidatos a la sucesión.

DOLOR EN LA DIRIGENCIA POLÍTICA Y TRES DÍAS DE LUTO
El socialista Eduardo Campos, candidato a la Presidencia de Brasil en las elecciones de octubre, murió ayer cuando el avión en que viajaba cayó en la ciudad de Santos, estado de San Pablo, y conmocionó la arena política paralizando la campaña a menos de dos meses de los comicios. El dirigente del Partido Socialista Brasileño (PSB) viajaba en la avioneta que cayó en un área residencial de Santos junto con miembros de su campaña electoral, de los que ninguno sobrevivió, según confirmaron desde el propio partido. Fuentes del PSB indicaron que siete personas se encontraban en el avión y aclararon que ni la esposa de Campos ni ninguno de sus hijos estaban a bordo.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que busca la relección, se manifestó “tristísima”, decretó tres días de duelo y canceló su campaña. El ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, se sumó a las adhesiones de luto al igual que su compañera de fórmula, Marina Silva, y el arco político del país.

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