domingo, 10 de agosto de 2014

 

Visagra entre el Pro y el FPV

Los que lo aprecian y los que no coinciden en que Juan Manuel Olmos, el peronista que preside el Consejo de la Magistratura porteño desde 2011, es un animal político, sorprendentemente inteligente y hábil negociador.

"El Gordo", como le dicen sus amigos, maneja la justicia de la ciudad, que gobierna Pro, aunque admira a Cristina Fernández de Kirchner y su interlocutor es Carlos Zannini, el secretario legal y técnico de la Presidencia.

Para algunos, Olmos personifica al acuerdo Pro-Frente para la Victoria en la ciudad. Para otros, garantiza el marco de gobernabilidad que Mauricio Macri necesita en la Justicia, un espacio que relegó cuando confirmó que los abogados del ala dura de su partido irritaban a los jueces con sus políticas y hacían que las medidas cautelares contra el gobierno porteño -dictadas especialmente por Roberto Gallardo y Elena Liberatore- se multiplicaran.

"Desde que él está no hay un solo conflicto. Les paga a todos. A todos los tiene bien. Tiene una sociedad -política y comercial- con Daniel «el Tano» Angelici, aunque también a él se lo llevó puesto", adelanta un legislador nacional de Pro que pide reserva de su nombre. Angelici, empresario del juego y presidente de Boca, es un radical devenido Pro que se convirtió hace años en el referente judicial de Macri.

"Olmos es un encantador de serpientes. Trabaja de 14 a 16 horas por día, tiene muy buen trato y es un innato constructor de poder", agrega un ex consejero radical, resignado y algo resentido.

"Es un tipo inteligente, sólido y que honra su palabra, que no es poco. Es un interlocutor valioso donde abundan los panqueques", afirma Juan Curuchet, vicepresidente del Banco Ciudad.

Hay quienes son más agudos en sus descripciones. "Es un hábil operador, porque lo hace al mismo tiempo para el macrismo, como gestor de Angelici (quien destrabó su compleja llegada al Consejo de la Magistratura y le dio los votos para ser el presidente del cuerpo en 2011), y para La Cámpora, a uno de cuyos soldados tiene de secretario letrado. Tiene la habilidad de «vender la misma solución» de un problema (que a lo mejor no era tal) como buena a los dos bandos en pugna y lograr el agradecimiento de los dos simultáneamente", revela un ex funcionario judicial de Pro.

Sin modestia, él explica: "Soy muy democrático y siempre trato de ponerme en el lugar del otro, hasta el límite de lo que estoy defendiendo yo, obvio. Lo otro que me funciona es que estudio mucho los temas y eso me da una ventaja enorme".

BAUTIZADO POR EL PAPA

Muy católico y peronista desde antes de nacer, empezó a militar cuando estudiaba en el Nacional 17 y nunca más paró. "Soy peronista por herencia familiar, pero después me enamoré de la inteligencia de Perón y de la pasión de Evita. Intelectualmente al que más admiro es a Jauretche", cuenta.

Nacido el 14 de marzo de 1973 en el Policlínico Gaona, lo bautizó el ahora papa, Jorge Bergoglio, con quien mantiene una relación de afecto y cercanía. La relación con Bergoglio es familiar, ya que, recién ordenado sacerdote, casó a sus padres, Marta y Alberto. Su madre estaba embarazada de su hermano mayor y su tía, Ana Zagari, entonces profesora y ahora decana de Filosofía de la Universidad del Salvador, era su amiga y le pidió que los casara. Bergoglio accedió, siempre y cuando fuera él quien bautizara al bebe que estaban esperando. Así fue. El cura de la familia bautizó a los cuatro hijos de esa pareja y a todos sus nietos.

Uno de sus hermanos dirige el gremio de los judiciales en la ciudad. Está casado con María Rosa Muiños, legisladora porteña por el FPV y militante peronista desde hace 25 años. Tienen dos hijos, viven en una casa que se construyeron en San Telmo y veranean en Valeria del Mar. Es de Nueva Chicago, no toma alcohol y es muy buen jugador de tenis, a pesar de sus kilos de más.

Como buen hombre de la política, tiene amigos poderosos y diversos.Es muy cercano a Ramiro Monner Sans, el radical que fue procurador de la ciudad de Macri, y amigo y socio de su ex esposa y actual consejera, Alejandra García. También son sus amigos Darío Richarte, el vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ex segundo de la SIDE y cuyo estudio defiende al vicepresidente Amado Boudou; el senador de Pro Diego Santilli, y el vicepresidente 1°de la Legislatura, Cristian Ritondo, con quien rivalizaron mucho tiempo (ambos son de Mataderos).

Con Santilli y Ritondo, Olmos fortaleció su relación mientras fue legislador porteño, entre 2005 y 2009 (ganó allí peso cuando Víctor Santa María, actual presidente del PJ porteño y secretario general del sindicato de encargados de edificios desde 1997, cayó en desgracia por investigaciones judiciales). Fue entonces vicepresidente 1° y presidió la Comisión de Presupuesto. En muchas votaciones clave garantizó que Pro llegara a los 31 votos necesarios con voluntades de peronistas y kirchneristas.

Es la política y no la academia ni los Tribunales la que lo convirtió en presidente del Consejo de la Magistratura. Hizo la mitad de la carrera de abogacía en la UBA de 1992 a 1996 y la dejó por la militancia. La retomó cuando fue legislador en 2005 y terminó en 2008. "Cuando me recibí, Ale García me ofreció ser socio del estudio. Ingresé y armé el Departamento Laboral. Nos va muy bien. Desde que estoy en el Consejo no ejerzo, pero sí cobro dividendos por mi participación como socio", precisa.

Tuvo diferentes cargos públicos y partidarios desde 1996. Fue jefe de campaña de Daniel Filmus en las últimas elecciones que ganó Macri, presidente del justicialismo en la ciudad de 2009 a 2011 y director de la Corporación Antiguo Puerto Madero.

Los radicales, que solían manejar la justicia porteña antes de la llegada de Macri, así como los Pro ligados con el ex fiscal general Germán Garavano, acusan a Olmos de haber convertido al Consejo en una unidad básica. "Se ha cansado de nombrar ex legisladores y jóvenes camporistas en el Consejo de la Magistratura, al que transformó en el nuevo Concejo Deliberante, que paga favores políticos con fondos públicos y altos sueldos", dice un abogado cercano al jefe de gobierno.

Nadie niega que Olmos impuso su impronta cuando llegó al Consejo con diez años de experiencia en la Legislatura. Sin embargo, frente a la versión de que duplicó la planta de personal del Consejo, precisa: "No es así. En 2011 había 935 plantas y ahora hay 830. Pero se abrieron 9 juzgados nuevos, 14 fiscalías, 8 defensorías, y ahí sí se designaron 300 personas más aproximadamente".

Y cuando los relegados lo acusan de hacer política partidaria y no judicial en el Consejo, y de no avanzar en la autonomía plena de la justicia porteña, Olmos responde: "Hicimos 60 concursos para jueces, fiscales, defensores y asesores tutelares en un año, cuando tardaban cinco. Compramos la sede del Consejo después de 15 años de alquileres. Modernizamos informáticamente todos los juzgados, construimos el Centro de Detención de Contraventores, digitalizamos el archivo judicial e implementamos la justicia penal juvenil." Nada parece convencer a sus críticos de que su ocupación principal, sin embargo, es la negociación política..


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