domingo, 7 de diciembre de 2014

 

Concentrados en contener el dólar

Visible fuga de poder a más de un año del cambio de gobierno
Por Sergio Crivelli (Siete días de política laprensa.com.ar )
07.12.2014 | La presidenta tuvo varias derrotas en su pelea con los jueces. También cedió ante los gremialistas. La Ley de Abastecimiento, a tribunales, mientras que la de Telecomunicaciones se diluye.

El gobierno está comenzando a encontrar una resistencia política con la que no tropezaba desde el conflicto con el campo y el voto "no positivo" de Julio Cobos. Su principal antagonista son hoy los jueces federales empeñados en demostrar cotidianamente que el en otras épocas temible látigo de la presidenta Cristina Fernández ya no mantiene a raya a casi nadie en los tribunales de Comodoro Py. Por el contrario, los incita a redoblar ataques que ya están comenzando a asumir el carácter de un conflicto de poderes "sui generis".

Pero los magistrados no son los únicos cada vez más difíciles de intimidar. Los gremialistas la hicieron retroceder, al menos parcialmente, con el impuesto a las ganancias que el lunes el jefe de Gabinete había declarado "ideológica y filosóficamente necesario", pero que dos días más tarde la presidenta resolvió no aplicar al aguinaldo para frenar un paro sindical que prometía recoger fuerte adhesión.

Los empresarios también resolvieron desafiarla y a pesar de que ella les había recomendado públicamente que no recurrieran a la Justicia por la Ley de Abastecimiento, lo hicieron. Los mismos hombres de negocios que llenaban los salones de la Casa Rosada para aplaudirla hoy la desairan sin preocuparse por las consecuencias.

Estas conductas deben ser atribuidas a una combinación de circunstancias adversas a la jefa de Estado, la más importante de las cuales es que ya entró en cuenta regresiva. Lo que se ve son los síntomas del pato rengo. Antes acumulaba poder, ahora se le diluye.

En su pelea con los jueces logró convertir en ley la reforma procesal penal. El cambio quita poder a los jueces para dárselo a los fiscales que ella reclutará entre militantes propios. Pero no fue gratis; al mismo tiempo tuvo una seguidilla inédita de contrastes. Quiso destituir a Claudio Bonadío porque investiga el presunto lavado de dinero a través de sus hoteles patagónicos y fracasó. En represalia le aplicó una quita salarial del 30%, grotesca combinación de "vendetta" e impotencia.

Los colegas de Bonadío también actuaron. Uno: el ministro de Justicia, Julio Alak, fue citado a indagatoria por un supuesto pago indebido a Marsans cuando era gerente de Aerolíneas Argentinas. Dos: otro juez allanó la procuraduría de Alejandra Gils Carbó (símbolo de la penetración "K" en el Poder Judicial) por concursos presuntamente manipulados para nombrar fiscales. Tres: el juez Rodolfo Canicoba Corral procesó al sindicalista Omar "el caballo" Suárez por entorpecer la navegación. Poco antes la presidenta había confesado que era su sindicalista "preferido". Cuatro: una sala de la Cámara Federal rechazó las recusaciones planteadas contra Bonadío por dos fiscales hiper "K" a los que había citado a declarar. Uno de ellos, Gonella es la mano derecha de Gils Carbó y entiende en causas por lavado de dinero, el mismo delito que se sospecha en el caso de los hoteles de la presidenta.

Como se ve, multar a Bonadío fue apenas un detalle del grotesco más amplio que puso en marcha el oficialismo con la reforma para que las investigaciones penales las lleven los fiscales que planea nombrar la presidenta antes de abandonar la Casa Rosada. En lo único en que resulta transparente el kirchnerismo es un sus intenciones.

Pero sus tropiezos judiciales deben ser considerados en el marco más amplio de los errores producto de la desorientación. La presidenta esperó a estar bajo presión sindical para quitar el impuesto a las ganancias cuando podía haberlo hecho mucho antes como medida graciosa y espontánea. Un regalo político innecesario a Moyano a expensas de Caló.

Otro ejemplo de falta de sentido de la oportunidad fue el de la Ley de Abastecimiento. En lugar de acordar con los empresarios en privado los amonestó en público y les dio una lección de derecho. Ahora la cuestión quedó en manos de la Justicia, una cancha barrosa en la que el gobierno juega de visitante.

Un ejemplo más -y no el último- de desorientación es el de la Ley de Telecomunicaciones. Mandó un proyecto que terminó siendo destrozado por los propios senadores kirchneristas. Le hicieron tantos cambios que ya no le interesa ni a Telefónica ni a la Presidenta que tanta urgencia tenía para verlo aprobado.



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