sábado, 24 de enero de 2015

 

La caída del petróleo en clave geopolítica

La caída del petróleo modifica el tablero del poder mundial

Por: Mariano Caucino para infobae.com
El desplome del precio del barril tiene una crucial incidencia en el ordenamiento de la geopolítica. Cómo afrontan esta crisis países como Rusia, Venezuela e Irán. La lección para el desarrollo argentino

En los últimos seis meses, el precio del petróleo se ha desplomado en casi un cincuenta por ciento. En junio del pasado año, el barril de crudo cotizaba a 103 dólares. Hoy apenas supera los 50. La combinación de tres factores clave han provocado semejante descenso: el decisivo avance de los Estados Unidos en su política de autoabastecimiento energético a través del desarrollo del shale, la reducción de la tasa de crecimiento de la economía china y la persistente recesión en buena parte de Europa occidental. Pero a estas causas se ha adicionado, recientemente, la decisión de Arabia Saudita de conservar elevados los niveles de producción de petróleo con la indisimulada preferencia por el mantenimiento de un porcentaje decisivo del mercado global de petróleo aun a costa de una merma en el precio. Una etapa de petróleo barato podría suponer, casi con seguridad, modificaciones sustanciales en el tablero de las relaciones de poder mundial. Una caída persistente en la cotización del crudo compromete seriamente los equilibrios presupuestarios de países cuya economía está atada a la renta energética. Irán, Rusia y Venezuela son algunas de estas naciones. Son, además, países que ocupan el centro de grandes conflictos globales o regionales. Las autoridades económicas de la Federación Rusa reconocieron la semana pasada que el país problablemente sufra una recesión en el año 2015 y que continuará debilitándose el rublo, a causa de las sanciones de Occidente por la política rusa en Ucrania y la caída del precio del petróleo, commodity que explica el sesenta por ciento de las exportaciones del país. Esta última circunstancia ha hecho recortar los pronósticos de crecimiento para el año próximo. Hace un mes, el Banco Central ruso proyectaba cero crecimiento para 2015 y actualmente estima una caída de 0,8 por ciento en el PBI. Un barril de petróleo en torno a los setenta dólares ha provocado dificultades adicionales a la economía rusa, sumadas a las consecuencias de las sanciones comerciales impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea a causa de la anexión de Crimea a Rusia. El rublo, en tanto, ha perdido un 40 por ciento de valor en el último año. Con excepción de lo ocurrido en el año 2009, como consecuencia de la crisis global, la economía rusa disfrutó de altas tasas de crecimiento durante toda la década pasada y los primeros años de esta. Al borde de la recesión, Putin enfrenta "una nueva realidad", según la crítica visión del New York Times del pasado miércoles 3 de enero. Sin embargo, las turbulencias económicas que enfrenta y enfrentará el Kremlin no parecen poner en riesgo la estabilidad del sistema político que lidera el Presidente Vladimir Putin. Las encuestas muestran una altísima aprobación de la gestión de gobierno del líder ruso y en especial, destacan su aporte a la reconstrucción del orgullo nacional, dañado por el trauma de la disolución del imperio soviético en 1991 y la crisis extendida en los año noventa cuando la sociedad experimentó el tránsito violento, de la noche a la mañana de una economía híperplanificada a una liberación total. En tanto, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha tenido que anunciar a fin de año antipáticas medidas de recorte de gastos. El heredero de Hugo Chávez autorizó reducciones del 20 por ciento en el presupuesto, en un país cuyo déficit fiscal alcanza el 17 por ciento. Maduro prometió no comprometer el gasto social, aunque resulta difícil que pueda lograr su cometido. Políticamente, el caso venezolano parece ser el más complejo de los aquí analizados. El presidente goza de tan solo 24,5 por ciento de popularidad según Datanalisis, una encuestadora local reconocida como confiable. Los datos de la economía estanflacionaria muestran dificultades extremas para Caracas: la inflación es del 60 por ciento y la contracción prevista para este año es de 3 puntos del producto bruto. 96 de cada 100 dólares de los ingresos de Venezuela dependen de la renta petrolera. El dramatismo ha llevado al gobierno bolivariano a reclamar en la última reunión de la OPEP en Viena una activa política de mantenimiento del precio del petróleo, pero el ministro venezolano chocó allí con la negativa de su par saudí, el verdadero amo del club petrolero. Desesperado, Maduro tuvo que emprender una extenuante gira dando la vuelta al mundo en los primeros diez días del año en busca de inversiones: solo obtuvo promesas en Beijing. En tanto, en Nigeria, el país más poblado de Africa, el gobierno había sobre-estimado el precio del petróleo al punto de comprometer el estatus de primera economía del continente, posición que había alcanzado este año al superar a Sudáfrica. La moneda local, el naira, ha sufrido una devaluación de casi 15 por ciento que revela hasta qué punto la economía está ligada a la explotación rentística de un monoproducto. El presupuesto nigeriano encuentra su punto de equilibrio con un barril de petróleo de 122 dólares, casi el doble de la última cotización. Para Irán, son necesarios 130 dólares por barril de crudo para no ingresar en déficit presupuestario. El régimen de Teherán parece ser uno de los mayores destinatarios del daño que la caída del precio del petróleo está provocando, sumado naturalmente a las duras sanciones que Occidente ha impuesto por su desafiante programa nuclear. Un precio del petróleo más barato, seguramente, beneficiará a las tres grandes economías globales: los EEUU, China y la Unión Europea. Algunos analistas señalan que con un petróleo en 70 dólares, se torna anti-económica la expansión de la producción energética dentro de los Estados Unidos, que ha aumentado hasta un 56 por ciento en la última década impulsada por una etapa de altos precios que parece haber llegado a su fin. Sin embargo, la caída del crudo ha repercutido en un beneficio para los consumidores: el precio promedio del galón de combustible ha caído desde 3,60 dólares a 2,74. Para el gigante asiático, un menor precio del petróleo será un aliciente dado que su dependencia de la energía importada es decisiva. Una situación similar tiene lugar en India. Los vaivenes del precio del petróleo y su incidencia crucial en la geopolítica son una vez más, una constante histórica. La tendencia de los gobiernos beneficiados por rentas extraordinarias a malgastar sus utilidades y poner en marcha programas ambiciosos de gasto imposibles de atender cuando llegan los tiempos de vacas flacas también. Sin embargo, constituyen una dura pero útil lección para los eternos buscadores de atajos económicos. Entre nosotros, hace casi treinta años, el profesor Moisés Ikonicoff advirtió los peligros de una economía dependiente de la renta externa. Tras analizar los fenómenos de los Emiratos Árabes tras el shock petrolero de 1973, Ikonicoff llegó a la conclusión de que la economía rentística derivaba casi sin excepciones, en una cultura rentística, enemiga de toda idea de productividad y desarrollo. La necesidad impulsar esquemas de desarrollo que propendan a la diversificación de la economía vuelve a ser un imperativo categórico del buen gobierno. El autor es profesor de Política Exterior, miembro del Club Político Argentino y colaborador de la Fundación DAR.


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