domingo, 15 de febrero de 2015

¿Buitres y halcones?

Donde tres cosas son dos pares

La política de la administración Obama hacia Teherán tiene reflejos inevitables en Tel Aviv. Una historia donde abundan los halcones, las palomas... y los buitres.

15/02/2015 | 02:15

ESCRIBE RAFAEL BIELSA, Perfil.com

ESCRIBE FEDERICO MIRRÉ

En los ambientes norteamericanos más “halconeros”, existe la idea de que los esfuerzos de Obama para tratar de resolver pacíficamente la crisis nuclear con Irán, perjudican a Israel. Y algunos añaden que también a los Estados Unidos.

Son tantos y tan variados los cruces de intereses respaldados por poderosos grupos de presión (“guerra de ideas” en ausencia de “guerra armada”), que nos recuerdan aquello de Philip Roth –útil para el análisis–: “La vida, cuando menos se presenta como se supone que tiene que presentarse, es cuando más resulta lo que tiene que ser”.

Es del caso tener presente que las negociaciones están estancadas y que el secretario de Estado John Kerry anhela que el 1º de marzo sea la fecha límite para alcanzar un “arreglo político”. La perspectiva de un no-arreglo debilita al presidente Hassan Rouhani –quien ató su credibilidad al éxito de las negociaciones–, en beneficio del ala nacionalista más dura. Irán muestra celo en tres puntos: el levantamiento inmediato de las sanciones de la ONU; el número de centrifugadoras; y el destino de las reservas de uranio enriquecido.

Las conversaciones son criticadas desde diferentes perspectivas: por haber virado los EE.UU. desde la pretensión de quitar a Irán toda posibilidad de disponer de armas atómicas, hasta la conformidad con limitar esa capacidad; porque Obama, luego de oponerse a los intentos de Irán de erigirse como distribuidor de influencias en Oriente Medio y Asia Occidental, ahora acepta que ocupe un lugar de potencia regional. Y –también– porque afirman detectar señales de que la Casa Blanca está dispuesta no sólo a materializar un acuerdo con los persas sin contar con el consentimiento del Congreso, sino además a que las sanciones que el Capitolio impusiera oportunamente se suspendan sin el tilde  legislativo (Washington Post).

Para algunos autores, como Michael Doran o Walter Russell Mead, “la aproximación a Irán ha sido la piedra angular de la estrategia para Medio Oriente (...) desde 2009 hasta hoy”. La publicación de artículos que exhiben este calor humano entre yanquis y persas no tienen buena llegada entre los halcones norteamericanos, ni tampoco en las águilas sasánidas. De allí que un fracaso, además de fortalecer a los más belicosos en Teherán, esmerila la teoría de que dicha nación es estratégicamente el mejor aliado posible en la región para los Estados Unidos.

Sobre esto último la televisión, los periódicos y los blogs crepitan a fuerza de intercambios flamígeros. Quienes defienden la idea de acercarse a Irán dicen que las sanciones económicas concentran el poder material en la Guardia Revolucionaria, en tanto que abroquelan al poder político alrededor de los clérigos y sus aliados represivos. Añaden que la obediencia perruna de Arabia Saudita en cuestiones coyunturales como los deseos sobre las fluctuaciones del precio del petróleo, no es tal en tanto los saudíes exportan extremismo religioso.

Del otro lado, se argumenta que la “comunidad de intereses” Teherán - Washington es un espejismo, detrás del cual pasa desapercibido el beneficio que reporta a los iraníes ganar tiempo mientras continúan sus desarrollos nucleares, por no hablar de que “influencia” significará inexorablemente porciones de territorio desde Irak hasta Líbano pasando por Siria. Mencionan a los recalcitrantes Mohamed Ali Yafari –jefe de los Pasdarán, los Guardianes de la Revolución–, y a Mohamed Reza Nagdi –jefe de los basiyíes, una milicia antidisidentes–.

Benjamin Netanyahu actúa en Washington y en Nueva York con soltura tal que tienta a pensar que las considera subsedes gubernativas. El sanguíneo israelita no concuerda con el enfoque del equipo de Obama y está listo para decírselo a ambas Cámaras del Congreso americano que lo recibirán próximamente.

Su propósito principal es el de debilitar la idea de que cuando Irán se sienta aliviado de la amenaza norteamericana evolucionará hacia una “entrada en el sistema y no pensará en exportar subversión”.

Los extremos se tocan. Así como los ayatolas más rígidos describen la relación Washington - Tel Aviv como “una alianza anti-islámica cruzado-sionista”, es interesante ver cómo en Estados Unidos se puede ser  “halconero” sin dejar de ser “buitre”, aunque estas especies se cruzan únicamente en el aire.

En los últimos tiempos el Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (Aipac) se transformó en uno de los más estridentes actores opuestos a la política de Obama respecto de Irán. Se trata de un grupo de presión que aboga por los intereses favorables a Israel. Su presidente en Robert Cohen.

“El Proyecto Israel” (TIP), viene de enfrentarse duro y parejo con el presidente. En este caso, es una organización no gubernamental sin fines de lucro, “no afiliada a gobierno alguno” y que presume de disponer de expertos en medios de comunicación y cuestiones militares. Uno de sus principales donantes es Paul Singer, “buitre de buitres”. En los Estados Unidos rige el principio, según el cual ningún rico le niega un millón de dólares a un comité que cuide en otra esfera sus ideas - dividendos. ¡Ah!: Cohen es el abogado del fondo “NML Aurelius”, de Paul Singer.

A contrapelo de Singer, aporta al mismo fondo (TIP) Richard Perry, partidario de Hillary Clinton, quien a su turno apoyó a Obama al declarar que introducir sanciones adicionales a Irán sería un “serio error estratégico”. Perry es gerente del fondo “Perry Capital”, lo que enseña que se puede ser halcón en finanzas y paloma en política interna, para volver a ser halcón en política internacional. Obama ha declarado que si una ley agravando las sanciones llegase a su despacho, la vetaría. Intrincadas alianzas  y enconos que, como pasos de una danza con lobos, delinean el mundo mientras el músculo duerme y la pasión atrasa.

Dos trazos renegridos en la foto de la realidad. Uno: los arsenales nucleares operativos israelíes y paquistaníes. Dos: la peligrosa reticencia en dar a Rusia una silla en la mesa de discusión y negociación sobre las cuestiones neurálgicas de Cercano Oriente. Putin visitó esta semana Egipto, y su reunión con Al Sissi no fue protocolar. En verdad Rusia tiene intereses permanentes en el Cercano Oriente desde hace muchísimo tiempo. Negarle interlocución será una irracionalidad más que hará subir las mediciones de presión del barómetro mundial.

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