miércoles, 28 de octubre de 2015

Mataron la gallina...

Los encuestadores mataron la gallina de los huevos de oro.
Tenían un negocio tan bueno como atractivo, de creciente rol protagónico.
Pero el bastardeo de sus resultados les quitó la credibilidad que supieron tener en los últimos lustros.
Remito a continuación una muy buena nota al respecto.+)

Clarin.com, 27/10/15
El efecto distorsivo de las encuestas
Por Hugo Martini

La divulgación de sondeos con la evidente intención de incidir en las tendencias del electorado se contrapone con las que pueden realizar los medios de comunicación.

Los hechos dicen que el promedio de cálculo de las encuestas, no coincidió en absoluto con los resultados de las elecciones celebradas el último 25 de octubre. ¿Cuál es el problema? El problema es que hemos estado viviendo durante dos meses y medio en un mundo con dos caras: por un lado las PASO del 9 de agosto y por el otro las encuestas, a las que se les dio la misma importancia pero condicionando, de alguna manera, la tendencia del electorado.

Para evitar esta distorsión debería acordarse de alguna manera lo siguiente: hasta el 22 de noviembre, cuando se celebre la segunda vuelta, no habrá otros totales que el 36.86% alcanzado por Daniel Scioli y el 34.33% que consiguió Mauricio Macri. Debería relativizarse, no prohibir, esta doble vida, por un lado declaraciones públicas y posición de los candidatos y por la otra, la visión construida por el mundo de las empresas encuestadoras que realizan, sin duda, una actividad comercial perfectamente lícita.

Este cuadro –el de los encuestadores analistas- es otro más de los entretenimientos argentinos, que no es más que eso, un juego. ¿Por qué un entretenimiento, un juego? Porque el encuestador está trabajando para quien le paga sus honorarios y no se supone que construirá un resultado, lo difundirá y le pagarán por él, si fuera opuesto a los intereses del que lo contrata.

¿Hay alguna forma de acercarse a un resultado electoral a través de una encuesta? En los EE.UU. hay muchas empresas de encuestas como en la Argentina, pero además existe un sistema ampliamente respetado. Son las que se realizan en nombre de una cadena de noticias por televisión y un periódico, asociados al efecto. Por ejemplo: The New York Times y CBS, The Washington Post y ABC o The Wall Street Journal y NBC. La encuesta la realiza el grupo organizador, por personal bajo su responsabilidad y que trabaja únicamente para ellos. El objetivo es satisfacer a sus clientes, sean televidentes o lectores, son frecuentes en tiempos electorales y permiten conocer el nivel alcanzado por los candidatos y los problemas, cada semana o todos los días. Este tipo de encuestas independientes han funcionado durante décadas y su característica más notable es la neutralidad frente a los intereses de los partidos.

¿Podría existir en la Argentina algo parecido? Desde ya que es posible y no se necesita ninguna ley o reglamento que lo establezca. Gran parte de los problemas del país no se originan en la falta de leyes, sino en cambiar hábitos y costumbres que distorsionan el cuadro final de lo que la gente quiere elegir. El primer paso es aceptar que entre el 25 de octubre pasado y el 22 de noviembre próximo no habrá resultados, sino un arduo trabajo para conquistar la voluntad de los que van a realizar el acto, tan simple y tan importante, de votar.

El autor es Director de Carta Política y ex Diputado Nacional (PRO)

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