domingo, 3 de septiembre de 2017

 

Signos en el tiempo

El cambio climático es uno de los grandes asuntos de interés global. Afecta a las políticas públicas, en primer término, y a la agenda política, como en el caso de los Estados Unidos y China con el Protocolo de Kyoto. Por un lado hay que atender a la calamidades en su impacto en la gente pero, por otro, analizar sus implicaciones presentes y futuras. Hay que aprender a leer los signos de los tiempos+)
 CIUDAD DE MEXICO, 2 Septiembre  (ANSA) - Lidia, la peor tormenta en ocho décadas, que golpeó ayer a la Península de Baja California, noroeste de México, con vientos de hasta 120 kilómetros por hora, dejó hasta ahora una estela destructiva de 4 muertos, 4.000 damnificados y más de 100.000 personas sin energía.
 El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó que, aunque el fenómeno tiende a debilitarse, todavía causará fuertes tormentas en 13 estados y a su paso podría provocar avalanchas y desbordamientos de ríos.
    Por más de 29 horas no cesó de llover, como en el mítico Macondo surgido de la tórrida imaginación del colombiano Gabriel García Márquez, al grado de que de un golpe llegó más agua del cielo que la que suele caer en todo un año en este territorio insular, en cuya punta se ubican algunos de los más bellos paraísos turísticos del país como Los Cabos.
    El gobernador de Baja California Sur, Carlos Mendoza, hizo notar que las precipitaciones acumuladas fueron de 700 milímetros, las lluvias más caudalosas desde 1933, lo que constituye una evidencia más del cambio climático global provocado por el llamado Efecto Invernadero.
    Las víctimas fueron dos personas electrocutadas, un niño arrancado de los brazos de su madre cuando caminaba sobre un torrente y una mujer arrastrada por una avalancha en una calle inundada.
    A la lista de víctimas y daños se agregan al menos 3 desaparecidos, más de 4.000 desalojados de sus viviendas, dos edificios habitacionales de cuatro niveles desplomados que habían sido construidos en un antiguo lecho seco de río, dos puentes destruidos y varios derrumbes en rutas.
    El corredor turístico San José del Cabo-Cabo San Lucas, visitado cada año por decenas de miles de turistas extranjeros, principalmente estadounidenses, estuvo incomunicado desde la noche del jueves y hasta el mediodía de ayer, por deslaves, y decenas de vehículos arrastrados por las corrientes.
    Al menos 20.000 turistas se resguardaron en los hoteles de la zona turística, considerados los edificios más seguros de la región, pero no se reportó hasta ahora ninguna víctima entre los extranjeros.
    El ministerio de Comunicaciones y Transportes (SCT) informó que los aeropuertos de Los Cabos, La Paz y Loreto no sufrieron daños y se encuentran abiertos, pero todavía no se han reanudado los vuelos por decisión de las aerolíneas.
    La gubernamental Comisión Nacional del Agua (Conagua) informó que Lidia seguirá afectando hoy la zona, aunque con vientos de menor intensidad.
    Se espera que el domingo próximo se reduzca a depresión tropical y ya haya salido de la península, una franja alargada que en los mapas aparece como un gran brazo en el extremo oeste del país. Los meteorólogos vaticinan tormentas torrenciales, intensas y fuertes en los estados de Sinaloa, Baja California, Sonora, Puebla, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Tabasco, en toda la franja del Pacífico y en la región centro del país, así como una parte de las costas del Golfo de México.
    El ministro de Gobernación, Miguel Osorio, informó que la tormenta Lidia "superó lo que se había pensado", e inclusive señaló que la cantidad de agua que cayó en Los Cabos se equipara a la de la tormenta Harvey en Texas, aunque causó mucha menor destrucción, porque se trata de una región menos habitada.
    Al menos 4.368 personas continúan en los albergues, pero ayer algunos comenzaron a retornar "a cuentagotas" a sus viviendas.
    La gubernamental Comisión Federal de Electricidad (CFE) informó que sólo logró restablecerse el servicio de energía para el 22% de los más de 100.000 usuarios cuyas viviendas quedaron sin electricidad.
    El presidente Enrique Peña era esperado la tarde de hoy, después de pronunciar un mensaje por su quinto informe de gobierno y antes de viajar a China para una visita oficial.

La Nación, 1 de septiembre
WASHINGTON.- La lluvia duró días, quebró un récord y provocó inundaciones catastróficas. Las autoridades tuvieron que declarar el estado de emergencia. El desastre fue "histórico, sin precedentes", justificaron. Más de 100.000 casas sufrieron daños. Pero no se trataba de Harvey, el huracán que devastó Texas esta semana, sino de otra tormenta, sin nombre, que dejó a Luisiana bajo el agua hace un año.
El servicio meteorológico de Estados Unidos señaló que el diluvio había sido "histórico" y "extremadamente excepcional", y que la información sugería que era "un evento de uno en 1000 años". Pero no se refería a Texas o Luisiana. Hablaba de Virginia Occidental, donde, también hace un año, una tormenta derramó, en medio día, un cuarto del agua que suele caer en todo un año, y causó el mismo desastre. Todas éstas tormentas fueron "históricas".
Las lluvias torrenciales y las inundaciones se han vuelto más comunes en los últimos años en Estados Unidos. De hecho, si se toman en cuenta los últimos tres años, Harvey ha sido la tercera tormenta que deja a Texas bajo el agua. Una tragedia recurrente.
El paso de Harvey puso sobre relieve otro fenómeno que fue advertido en los últimos años por los expertos en clima: a raíz de los efectos del cambio climático, las tormentas tropicales llegan a Estados Unidos cada vez más potentes.
"Los huracanes traerán más lluvia en el futuro. Necesitamos prepararnos para eso. Serán más intensos, no hay duda", sentenció Guiling Wang, profesora y climatóloga de la Universidad de Connecticut.
"La realidad es que sólo en los últimos dos años hemos tenido un número alucinante de lluvias fuertes", señaló Barry Keim, climatólogo de la Universidad Estatal de Louisiana, al enumerar algunas de las tormentas de los últimos años.
Keim no ocultó su asombro por Harvey: dijo que nunca había visto algo así, y que la cantidad de agua que había soltado era "una locura total", algo "absolutamente increíble". Harvey, puntualizó, fue distinta a las demás tormentas porque se movió muy lentamente por la costa, y pudo desparramar lluvia durante una cantidad inusual de días. No hubo ningún mecanismo atmosférico que la moviera y, por eso, logró tirar tanta agua y causar semejante desastre en Texas.
"Simplemente se sentó ahí, quedó atrapada", resumió Keim.
Wang participó de un estudio, publicado el año pasado, que profundizó sobre el vínculo entre la temperatura del planeta -en ascenso debido al calentamiento global- y las precipitaciones. El estudio se centró en una relación crucial en el clima para los tiempos que corren: a mayor temperatura, mayor humedad en la atmósfera y mayores lluvias. Ese lazo es particularmente fuerte en el Golfo de México, que baña las costas de los estados de Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana y Texas.
Los últimos tres años han sido los más calientes en los registros, y 2017 viene detrás de 2016 sólo por "El Niño", el fenómeno climático que eleva la temperatura del océano Pacífico, que ocurrió el año anterior.
"Creo que todos estamos de acuerdo en que los huracanes que ocurren hoy tienden a traer más lluvia de la que traerían si las temperaturas fueran más bajas", afirmó Wang.
Ya hace más de tres años, Nigel Arnell, profesor de la Universidad de Reading, en Gran Bretaña, publicó una columna en el diario The Independent bajo el título "El cambio climático significa que tenemos que acostumbrarnos a más inundaciones". En esa columna, Arnell señaló que en el océano Atlántico había una perfecta "fábrica de tormentas", y que la exposición global a inundaciones "aumentará mucho más rápido".
El clima extremo recorre todo el mundo. Mientras Harvey copaba las noticias, la India, Nepal, Bangladesh y Níger también sufrían devastadoras inundaciones, con más de 1200 muertos y millones de damnificados.
En Estados Unidos, la sucesión de desastres en los últimos años -Katrina, Irene, Sandy, Harvey y, también, la histórica sequía que golpeó a California hasta este año- elevó la preocupación en el país por los efectos del calentamiento global. En marzo, Gallup reveló que un 71% de los norteamericanos coincide con los científicos en que el cambio climático está ocurriendo, y un 68% cree que la causa es el hombre. Por primera vez, casi la mitad del país reconoció estar "muy preocupada" por el problema.
Pero, con todo, esa cifra oculta una división: mientras la gran mayoría de los demócratas ve lo que ocurre con el clima con alarma, sólo dos de cada diez republicanos comparten el mismo desasosiego. El presidente Donald Trump y los republicanos en el Congreso han puesto en duda el contundente consenso científico que existe sobre el deterioro que el hombre provocó en el clima. De hecho, el mandatario decidió en junio pasado retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático, en un giro aislacionista en la lucha global contra uno de los desafíos más inquietantes de la humanidad.
Incertidumbre
La sucesión de eventos de lluvias torrenciales dejo atónitos a muchos científicos. Pero Keim, que estudió en Louisiana y vio el fenómeno de cerca, remarcó que, al mirar hacia atrás, también se encuentran otras grandes tormentas que causaron devastación.
"Parece que algo inusual está pasando, pero si mirás hacia atrás en la historia, tenés otros períodos de tiempo en los que muchas tormentas grandes ocurrieron en todo el país. La pregunta es si esto nos está diciendo algo acerca de que el clima ha cambiado y entonces podemos esperar más de esto en el futuro. Ésa es la pregunta, y no sé la respuesta", apuntó Keim. "Todo esto es consistente con lo que mucha gente está diciendo que ocurrirá en un escenario de calentamiento global", agregó el experto.
Inundaciones, un riesgo para varias ciudades
Es una amenaza latente en distintas zonas de EE.UU.
Nueva York
El huracán Sandy, que en 2012 inundó el subte de Nueva York y dejó sin luz al distrito financiero, fue un claro recordatorio de que incluso las ciudades más ricas del mundo no pueden escapar de los estragos del cambio climático. Se cree que los mares que rodean la ciudad aumentarán 1,9 metros hacia final del siglo, un escenario que pondría en peligro sus aeropuertos, JFK y La Guardia, y reduciría el espacio que ocupan algunos barrios, como Brooklyn y el Bajo Manhattan, construidos sobre terrenos de relleno
Miami Beach
"Estamos ante una amenaza existencial aquí", admitió Kristen Rosen González, jefa policial de Miami Beach. La famosa ciudad turística, uno de los destinos predilectos de los argentinos en Estados Unidos, está construida sobre un terreno poroso que lentamente se está hundiendo en el fondo marino. Además está rodeada por mares que se elevan tres veces más que el ritmo del promedio mundial. Hasta el momento, Miami Beach gastó unos 200 millones de dólares para levantar la altura de calles en áreas vulnerables y tiene una red de bombas que hace que el agua se retire de las calles tras las inundaciones
Boston
La capital del estado de Massachusetts viene de experimentar nevadas récord en 2015 y el verano más seco en la historia de la ciudad en 2016. Pero es el riesgo de las inundaciones la principal preocupación ambiental de las autoridades. El alcalde de Boston, Marty Walsh, advirtió que una gran tormenta podría "borrar" el corazón de la ciudad. El informe que presentó el año pasado sostenía que miles de millones de dólares en bienes raíces estaban en riesgo por el aumento del nivel de los mares

Etiquetas: , ,


Comentarios: Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]



Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace



<< Página principal

This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Suscribirse a Entradas [Atom]