martes, 21 de agosto de 2018

Libre


El 17 de agosto de 1971 murió el primero de entre unos 200 alemanes, al intentar cruzar el Muro de Berlín.
La canción de Nino Bravo, compuesta en plena conmoción al ver agonizar al joven por TV, es un grito de libertad, al tiempo que una emotiva obra de arte.

El 9 de noviembre se conmemoran 20 años de la caída del muro, de 160 kilómetros de largo.
Cerca de 200 personas murieron al intentar escapar a Occidente y atravesar el Muro de Berlín, una barrera de hormigón que los más ingeniosos lograron superar en globos de fabricación casera, túneles o coches con doble fondo.
Todo comenzó un 13 de agosto de 1961, cuando el gobierno de la antigua República Democrática Alemana ordenó el cierre de la frontera con Berlín Occidental, con la idea de frenar el éxodo de los ciudadanos de la parte oriental a la zona próspera en busca de nuevas oportunidades.
En la actualidad, se cree que más de 100.000 ciudadanos de la RDA, para quienes estaba terminantemente prohibido cruzarlo, trataron durante su existencia de superar el Muro de Berlín o la frontera interalemana, la brecha que escindió el país durante 28 años.
Algunas de estas personas fueron abatidas a tiros por los soldados del régimen comunista, pero otras murieron durante la fuga, por causas indirectas, ya sea ahogados, en accidentes mortales o al suicidarse tras haber sido descubiertos.
A día de hoy, a punto de celebrarse 20 años del derrumbamiento, no existen cifras precisas sobre el número de personas que fallecieron en la capital: según las fuentes, varían desde las 86 víctimas de la Fiscalía de Berlín, hasta las 313 que maneja la organización humanitaria "13 de Agosto".
Según un estudio elaborado recientemente por la Fundación Muro de Berlín y el Centro de Investigación de Historia Contemporánea de Potsdam, sólo en la ciudad murieron entre 1961 y 1989 un total de 136 personas, de las cuales más de la mitad lo hicieron en los cinco primeros años de Muro.
En esa "lista de la muerte" con nombre y apellidos, la primera víctima fue Ida Siekmann, que murió el 22 de agosto del 61, al saltar atemorizada por la ventana de su casa, en la que habían levantado barricadas la noche anterior, y morir en la caída.
El último fue Winfried Freudenberg, quien se estrelló el 8 de marzo de 1989 con su globo casero en el barrio occidental de Zehlendorf, al apresurarse por sacar de golpe todo el aire, por miedo a alcanzar el distrito contiguo, que era de nuevo territorio de ocupación soviético.
Por acción directa de las fuerzas de seguridad del Este, el primer muerto fue Günter Littin, el 24 de agosto del 61, y el último Chris Guefroy, en febrero de 1989.
Se estima que hubo al menos otros 251 casos de personas que perecieron durante o después de haberse sometido a los estrictos controles de los soldados apostados en la "Muralla de Protección Antifascista", la mayoría por infartos de miocardio.
Aún más complicado resulta encontrar números definitivos de víctimas de la frontera interalemana, aunque el mismo proyecto de investigación, terminado el pasado agosto, apunta a que oscilan entre 270 y 780.
Los intentos de huida fueron cuanto menos variopintos, como el que protagonizaron el 5 de diciembre de 1961 seis hombres, diez mujeres y siete niños, que atravesaron la estación de tren berlinesa de Albrechtshof y escaparon hacia el distrito noroccidental de Spandau con una locomotora.
A la lista de fugas ingeniosas, hay que añadir el momento en el que 14 "ossis" -habitantes de la parte oriental- cruzaron un río en medio de una lluvia de balas a bordo de un barco de pasajeros, o cuando un grupo de 57 personas se arrastró por un túnel de aproximadamente 150 metros de largo bajo el muro de Berlín.
Incluso hubo quienes trataron de desafiar a las leyes de la naturaleza, como la familia que trepó por el tejado de un edificio ministerial de la RDA, contiguo al Muro, para escapar desde allí con un teleférico de construcción casera.
De los pasos fronterizos, el más famoso es el conocido como "Checkpoint Charlie" donde los soviéticos registraban a los efectivos de las Fuerzas Armadas americanas, británicas y francesas, antes de pasar al Este, y convertido hoy en uno de las monumentos turísticos por antonomasia.
Berlín guarda aún hoy en su memoria a las víctimas mortales con una misa diaria en la Capilla de la Reconciliación, así como a través de varios lugares conmemorativos, como son los pedazos del Muro que aún quedan en pie, y de los cuales el más largo y célebre es el denominado "East Side Gallery".

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